Oferta de historias

Este año es anómalo para calibrar el trato que la prensa le da al magnicidio que segó la vida de Colosio, por las convenciones sociales alrededor del sistema métrico decimal: cumple 20 años.

Marzo nos gustó para acumular historia. Entre la expropiación petrolera (la de 1938, no la más reciente), el nacimiento de Benito Juárez y el asesinato de Luis Donaldo Colosio, cierta idea de nación se tensa, busca sitio y pretende prevalecer. Ya no la historia escrita por los vencedores, tampoco la visión de los vencidos, no, otra: la que es de novedá, llévela-llévela, es la del momento y se la venimos ofreciendo a distintos precios: la historia revisitada y puesta al día según el humor, los intereses y la desmemoria de los medios de comunicación.

Si a un joven noruego, o japonés, le diéramos los diarios de más circulación en México publicados entre el 18 y el 23 de marzo de 2014, con la instrucción de que descubra, por la cantidad de menciones, de análisis y opiniones, el asunto histórico más notorio, sin duda diría: el crimen contra uno de los hombres más brillantes, y misteriosos, del siglo XX mexicano, Luis Donaldo Colosio. (Ya nadie se acuerda del Colosio previo al dedazo y al destape). Juárez, que acabó por darle rumbo filosófico, político y jurídico a la república; Lázaro Cárdenas, que fue capaz de enfrentar al poder económico extranjero para hacer uno de los gestos definitivos de la Revolución que refundó a México, no merecieron más consideraciones que las emanadas del discurso conmemorativo del Presidente por la expropiación petrolera y las que provocó el día feriado cortesía del cumpleaños del personaje Juárez, que es héroe porque como él se llaman muchas calles.

Aunque en realidad este año es anómalo para calibrar el trato que la prensa le da al magnicidio que segó la vida de Colosio, por las convenciones sociales alrededor del sistema métrico decimal: cumple 20 años. Para efectos de mercadotecnia, 20 es más que 76 o que 208. Pero sobre todo hay una diferencia grande de percepción y conocimiento: no es igual sabernos contemporáneos de un hecho famoso del que nos enteramos mientras sucedía, y creer que de alguna manera padecemos sus consecuencias, que hacer el esfuerzo por pensar al México del siglo XIX y sentir que le debemos algo a quienes hicieron su parte en aquel tiempo, o aplicarnos para entender el significado de la expropiación petrolera cuando lo que le siguió fue el enriquecimiento de unos cuantos, verdaderos dueños, y, hoy, el incremento incesante del precio de los combustibles.

Luego de la explicación anterior respecto a la machacona presencia de Colosio en los medios, que podría parecer convincente, no puede uno dejar de preguntarse: ¿De veras el derrotero del país fue otro a partir de la muerte súbita del candidato del PRI a la presidencia? ¿No serán ganas de inocular en el gusto popular una leyenda que dote al Revolucionario Institucional de un halo de mártir que pasó por un periodo oscuro y apenas ahora, en este sexenio, renace de sus cenizas, espléndido, merced al soplo vital que mana de la memoria inmarcesible de Luis Donaldo? ¿Estamos supeditados a estos casos para reconocer los golpes de timón que da el destino?

Mientras se acumulan las elegías para Colosio, mientras Juárez y Lázaro Cárdenas se vuelven signos huecos, lo cierto es que una miríada de naciones, dentro de México, va siendo por su cuenta y a despecho de la construcción histórica oficial que busca legitimidad y perpetuarse en la tinta y los electrones de los medios de comunicación tradicionales. En Chiapas, poco antes de la muerte del delfín de Carlos Salinas, muchas comunidades indígenas nos mostraron que era posible crear un centro propio, afirmaron contundentemente que lo marginal, siempre, es el sistema que excluye. Se hicieron cargo de su historia y de su vida. Cuál evento queremos marcar como punto de quiere: el disparo de Aburto repetido hasta la saciedad o el discurrir humano de las comunidades que se hacen en el nosotros y que no buscan el poder ni el monopolio de alguna violencia. Según lo que elijamos seremos, o pasajeros de primera en nuestra épica o polizones en la historia y la nave Patria de otros. 

agustino20@gmail.com