Inicio del viaje sin retorno

Cansados de sospechar. Hastiados de la tensión por estar constantemente preparados para que nos defrauden. Ansiosos por tener gobiernos transparentes, pero no porque exhiban sus actos administrativos en internet sino porque no los notemos, transparentes porque las cosas, al menos las básicas, funcionen bien todos los días, el transporte, las calles, las banquetas, la policía, la recolección de basura, los semáforos, el alumbrado. Quizá ya no sabemos vivir sin el enojo a flor de piel, sin la incómoda propensión a la incredulidad en las leyes, en los gobernantes y en sus propuestas. Como es tan delgada la frontera entre la confianza y la inocencia que puede ser confundida con necedad preferimos desconfiar, Dios nos libre de pasar por tontos.

Ayer, MILENIO JALISCO publicó en la primera página una fotografía del inicio de la construcción de la Línea 3 del Tren Ligero; si tomamos esa imagen como un símbolo es necesario fijarlo con palabras: al fondo, máquinas grandes, frente a ellas, sentados, los personajes: el gobernador, varios alcaldes, sonrientes y satisfechos; el secretario de Comunicaciones y Transportes aplaude, su gesto es neutro, hay niñas y niños sentados entre ellos. Si armados de la buena fe en los políticos que aún nos quede en la reserva y viendo esa foto hiciéramos imagomancia (predicción por medio de la imagen), podríamos aventurar este futuro: la Línea 3 será tendida sin contratiempos mayores, sus ejecutores se atendrán al costo y al tiempo presupuestados, el fin único que moverá a todos los que intervengan será el beneficio de los habitantes de la Perla. En la fotografía hay varios elementos que la alquimia política exige para propiciar buenos gobiernos: la fuerza de la creación humana y la capacidad económica (representadas por las máquinas); la alegría por servir, la confianza y el orgullo (risas, aplausos, uno de los alcaldes alza el mentón son suficiencia); la valentía (la inclusión de los niños es compromiso noble con el porvenir, augurio de buenas cosechas, van los infantes en prenda, por ellos el gobierno se atrevió a una obra emblemática, a contracorriente de las estrecheces presupuestales y sobreponiéndose a las críticas con un golpe de autoridad).

Sería estupendo dejarnos llevar y creer que ese presente que fijó Nacho Reyes en su fotografía prefigura un futuro benigno, inusitado; y luego de ese trance de fe disponernos los ciudadanos a poner nuestra parte: una dosis de paciencia, sabiduría para buscar rutas alternas cuando los trabajos interrumpan el tránsito y, más que otra cosa, aportar la certidumbre que se traducirá en apoyo cuando las cosas no marchen según lo planeado, ya sea que se interrumpa el flujo del dinero o por los contratiempos que interponga el subsuelo o por los detractores que invoquen al rumor de la discordia. Sería emocionante que dentro de año y medio las escuelas de educación básica llevaran a los alumnos a ver el desarrollo de un trabajo que marcará a la ciudad, que los maestros les digan a los estudiantes: niñas y niños, cuando ustedes sean grandes podrán decirle a sus hijos y a sus nietos que fueron testigos del nacimiento de una maravilla: la obra que hizo de Guadalajara una metrópoli donde la rendición de cuentas se volvió eslabón sólido entre la gente y sus gobernantes; a partir de la Línea 3 todo cambió, y cómo ésa ya iniciamos otras cinco. Lujo de la ingeniería, de la arquitectura, de la movilidad y de la planeación a largo plazo.

Sí, entran ganas de fiarse, de soñar que nadie nos defraudará, ni la obra misma. Aunque lo que no sale en esa fotografía también simboliza: dónde está el constructor que nos diga a los ciudadanos: lo haré bien, ninguna nota da su nombre; dónde el gráfico que muestre las estaciones de la Línea o la estructura. Aun así, ojalá los gobernantes se hagan cargo de la importancia de construir una confianza de gran magnitud, todavía pueden hacerlo, para que al final no únicamente festejemos a la Línea 3, también el proceso de su tendido.

 

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