Indicios y evidencias

México Evalúa presentó en Guadalajara Justicia a la medida: siete indicadores sobre la calidad de la Justicia Penal en México, de la autoría de Layda Negrete y Leslie Solís. La investigación interpela, propone y nos sitúa para dialogar con nosotros mismos y con la mirada foránea que nos discierne desde la (in) justicia en su avatar actual.

Una indagación académica debe acumular varios méritos: rigor, pertinencia, científica y social (sin éstas es mero divertimiento intelectual), y debe estar basada en conocimientos previamente reconocidos y proponer alguno nuevo. Pero también, si pretende tener impacto directo en la sociedad, debe notarse su afán por ser inteligible para un público amplio; que investigar y divulgar sean diálogo con quien lee a partir de que, y este es un guiño muy importante, el proceso y el resultado de la investigación conversen entre ellos, Justicia a la medida lo consigue; nada tan anticlimático como los verdadazos sustentados en el antiquísimo y estéril: porque lo decimos nosotros, al respecto podemos preguntar en la PGR.

Las autoras cuentan que buscaron anticipar "los efectos conductuales de cada uno de nuestros indicadores"; por ejemplo: "Reconocemos que la propuesta de usar el indicador de homicidios como una medida de viabilidad de la justicia engloba un grave riesgo: el de motivar la manipulación de los datos." Queda claro: las páginas en las que Layda y Leslie asentaron lo investigado no estaban en blanco, contenían a priori un paisaje conocido: autoridades que manipulan datos a su conveniencia, buena parte de la historia patria y de la justicia han tenido esto de telón de fondo y también de argumento.

Uno de los siete índices es el de confianza; para componerlo usaron datos de la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción de Seguridad Pública (Envipe), del Inegi, y las autoridades incluidas en él son la policía estatal, la ministerial, el ministerio público o los fiscales y los jueces; lo hicieron así porque su búsqueda era "comparar el desempeño de las entidades federativas en lo referente al sistema de justicia.", por lo que excluyeron autoridades federales, de tránsito y municipales. Jalisco es el 15 entre 32, registra menos uno por ciento (-1 por ciento) en confianza, en promedio entre 2011 y 20015; en interpretación libre podríamos decir: aquí, unas y unos que no han nacido no confían en el sistema judicial. El porcentaje más alto lo tuvo Yucatán, 12.1 por ciento, el más bajo el DF, -27.3 por ciento (menos 27.3 por ciento). ¿Y si la confianza en las policías municipales se hubiera incluido? Algunas cifras de Jalisco Cómo Vamos (JCV) evidencian lo que este componente significa; Francisco Núñez, miembro del equipo de investigación de JCV, de la media de los resultados de las encuestas de 2011 a 2014, escribió: "La satisfacción con la seguridad pública que le brindan está relacionada con la confianza en la policía municipal: 16% de quienes tienen mucha confianza en la policía está insatisfecho con la inseguridad pública; el porcentaje de insatisfacción es 55 para quienes nada confían."

Una buena lectura invoca demonios individuales; luego de ver los índices de Justicia a la medida y de sopesar las cifras de cada integrante de la República, notamos que en la justicia medida por México Evalúa la Ciudad de México muestra déficits alarmantes y, no obstante, la mala prensa la acaparan otras entidades; ya mencionamos el índice de confianza, algo similar constatamos en el de homicidios: en Jalisco matan menos que en la Ciudad de México, ¿y? Que alguna deidad libre a los estados libres y soberanos del esperpento llamado prensa nacional, que prescinde de los contextos. Lo dije, son sólo mis demonios, los que ahora debería apellidar de acuerdo a la moda: "subnacionales", y a lo mejor por lo "sub", la analogía que se me ocurre es que los medios de comunicación que se mientan nacionales ven, en la Ciudad de México, el ataúd medio vacío, en tanto que en otras entidades les parece medio lleno.

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