Historiar el futuro

Como país abierto a la inversión lucrativa de capitales, México está en primera línea, pues hay la seguridad de que si el capital se invierte con juicio y el trabajo es bien dirijido (sic), existen en la República bases sobre las que puede erigirse el edificio de la riqueza nacional y la prosperidad social, y es seguro que con los elementos que hoy se agrupan en el país, la presente generación será testigo del adelanto de los Estados Unidos Mexicanos, hasta verlos en lugar avanzado entre las naciones prósperas del mundo.»

Con matices y si añadimos la palabra moderno (que siempre cabe), el párrafo anterior podría estar en una nota sobre la declaración reciente de un funcionario del gobierno federal, que actualmente incluye a buen número de diputados y senadores que forman la liga de ascenso del Poder Ejecutivo. La falta de ortografía también es muy de estos tiempos. El texto lo escribió el inglés J. R. Southworth en el libro The mines of Mexico, (Las minas de Mexico), edición bilingüe, que el autor publicó en octubre de 1905 en Liverpool, Inglaterra, impreso por Blake & Mackenzie, fue «el noveno tomo de una serie de obras ilustradas en que se trata de los inextinguibles y de hecho no desarrollados recursos de los Estados Unidos Mexicanos.» Traerlo a colación es una especie de homenaje a Nietzche, que pasado mañana cumplirá 114 años de muerto; amor al destino ineluctable (amor fati), tiempo circular, eterno retorno.

El libro está ilustrado con fotografías para mejor narrar «Historia – Geología – Antigua Minería – y Descripción General de los Estados Mineros de la República Mexicana.» Al final tiene una sección de Advertisements, anuncios de maquinaria y refacciones para minería, puros y cigarros, agentes de vapores, bancos, compañías que fabricaban maletas, etc., la publicidad es de negocios en ciudades de Sonora, Sinaloa, la de México y de California (EE.UU.), en Liverpool, Londres, Nueva York o en San Luis Potosí, evidencia de que la globalización que hoy festinamos es un placebo reciclado. Una muestra de la propaganda: «FINEST QUALITY MEXICAN CIGARS, LA ROSA DE ORO Y ANEXAS, JOHN AINSWORTH & CO., (Sole Agents for United Kingdom) 39, St. Mary Axe, LONDON, E.C.»

En el libro-revista de Southworth constatamos la pervivencia de esa otra globalización, la de capitales sin frontera y explotación de recursos naturales en los países con economías en desarrollo. El autor afirma «El estado de Jalisco, uno de los más ricos de la Confederación mexicana» y hace inventario de sus minas con los nombres de sus propietarios, por ejemplo: en el «distrito o cantón de Ahualulco», «los  Sres. T.C. Myers y socios (…)  Carrol y Kratz, Mann y Mathews». «En el distrito de Navidad (…) El grupo de minas del Moral pertenece á (sic) la “United States and Mexico M. & M. Co.”».  «La compañía Fundidora de Cobre Keystone, que posee un grupo de minas en el distrito de la Palma, al Oeste de Tapalpa.» Así como para Jalisco, lo hace para otros estados. La publicación equivale a un catálogo de 260 pp., más 52 de anuncios, de una tienda departamental; el mensaje que subyace es: vaya a la República Mexicana, está en oferta y los nativos son pintorescos.

En la página 3, tamaño carta, hay una fotografía de cuerpo entero del «Sr. General Don Porfirio Díaz» y en la 6 leemos: «Los nuevos decretos referentes a la industria minera en México, que fueron promulgados en narzo de 1905 por el Sr. General [el de la foto], Presidente de la República, como resultado de los planes para la reforma monetaria, significan un ahorro para los mineros de más de cuatro millones de pesos al año. Las contribuciones cobradas sobre la industria minera en 1904 proporcionaron al gobierno una renta de $9,500,000, y como resultado de la reducción de contribuciones que acaba de concederse, se calcula que no se pagará arriba de $5,500,000 en el presente año de 1905.» ¿Amor fati, eterno retorno? Tal vez no. Tiempo estático, y muda vulgar de nomenclatura lo de Sr. General por Sr. Lic.

 

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