Fuga hacia la épica

Quizá lo que los franceses nos dieron, oculta en una medalla aparentemente personal, fue una lupa para ver a nuestra sociedad y a cierto pasado al que poco nos referimos, instrumento metafórico para mirar a Raúl Padilla menos estrecha y llanamente.

¿Quién es Raúl Padilla? La pregunta podría ser título de una pieza dramática. Primer acto, sale un estudiante de la Universidad de Guadalajara, de los años setenta del siglo pasado, se abre paso entre los violentos federados y termina liderándolos, sin confesarles que en sus planes está disminuir a la organización de estudiantes, mero escalón para que él suba; segundo acto, sale un funcionario de la misma universidad poniendo en práctica ideas exóticas, por ejemplo buscar egresados que hubieran cursado un doctorado para junto con ellos darle un rumbo otro a la universidad (los emisarios de los que se vale para eso, piensan: ¿pa’qué querrá Raúl tanto médico?, ha de estar malo); tercer acto, salen el estudiante y el funcionario convertidos en solo personaje, capaz de llevar a la práctica sus grandes proyectos sin necesidad de cargos políticos visibles y sin cesar de ejercer el poder que detenta: el de la universidad y el de los cofrades que bajo su égida colonizaron espacios de gobierno y a los partidos; pero no todo le fue propicio, verbigracia: lo relacionado con la iniciativa privada comandada por lo tapatío de abolengo (tapatío de abolengo, dícese del petate del muerto). ¿Cómo se llamó la obra?  Ábranla, que lleva bala. Andanzas de un caballero de la Legión de Honor.

Inevitable caracterizar a Raúl Padilla según las cosas que de él se dicen; que se repitan no las convierte en verdades, y en cambio fertilizan su imagen, que muchas puertas le abre, otras le ha cerrado. La cercanía geográfica e histórica con sus críticos, y una dosis de escrúpulos inerciales y rancios impiden darle su dimensión justa. Tomemos la descripción que Elizabeth Beton Delègue, embajadora de Francia en México, hizo de él al imponerle la condecoración de Caballero de la Orden de la Legión de Honor, el martes anterior: “Pero al igual que su brillante trayectoria, Francia ha querido honrar los valores que, durante toda su vida, ha usted enarbolado: su fe en el porvenir y su compromiso sin descanso con los problemas de su tiempo; su combate por que la universidad sea el lugar de un saber exigente pero accesible a todos; su convicción de que la cultura es al mismo tiempo reivindicación de una identidad y apertura generosa al mundo. En una palabra, su humanismo”1. Declarar tales atributos a nombre del Estado francés no es un asunto que la diplomática haya atendido sin fundamentación rigurosa. Digamos que de Francia llegó el pico para romper el hielo con un notable que no admite definiciones absolutas, prejuicios provincianos o descalificaciones a priori. Quizá lo que los franceses nos dieron, oculta en una medalla aparentemente personal, fue una lupa para ver a nuestra sociedad y a cierto pasado al que poco nos referimos; instrumento metafórico para mirar a Raúl Padilla menos estrecha y llanamente.

Horas después de que él fue ordenado, en otro lugar de Guadalajara Agnes Heller habló sobre Carlos Marx (el cartel en el salón 4 de la FIL decía: Karl Marx, tal vez porque con k se lee más marxista). Heller, intelectual de primera, tendió un puente hacia el filósofo al que el maniqueísmo ideológico no dejó ver durante buena parte del siglo XX, y al que viene bien re-conocer. En el público los estudiantes fueron mayoría, sus conversaciones en la fila para entrar evidenciaron su estatus. En el presídium hubo dos rectores de la UdeG, el General y el de Ciencias Sociales. Cuando fue su turno no se dirigieron a los jóvenes; podrían haberles explicado por qué invitaron a Agnes Heller, su relevancia y la relación que su pensamiento podría tener con ellos, con la comunidad en la que viven; no mostraron alguna vena didáctica, arrojaron palabras del argot burocrático, para destinatarios imprecisos. ¿Cuál es la relación de los directivos de la UdeG con sus alumnos, no la administrativa, la otra, la que le da sentido a la educación, cómo los ven? La respuesta quizá despostille un poco la condecoración francesa.

1 http://www.ambafrance-mx.org/Homenaje-a-Raul-Padilla-Lopez