Cambio o disfraz

Es necesario colocar en perspectiva algunos sucesos recientes, como el Informe de gobierno, las glosas ciudadanas (ahora son dos, la del Ejecutivo y la del Legislativo), la alerta de violencia contra las mujeres, la decisión de la Suprema Corte de considerar discriminatorio un artículo del código civil de Jalisco que excluía la posibilidad de que dos personas del mismo sexo contrajeran matrimonio, la defensa del bosque Los Colomos y la presunción constante de los gobernantes y sus colaboradores respecto al grado que confieren a la transparencia, a la rendición de cuentas y a la noción de gobierno abierto. Especificar el punto de la historia desde el que observamos estos asuntos es relevante para evaluar si el estado que guardan en el imaginario de las autoridades, y en de las personas, corresponde a un progreso efectivo de la sociedad o si es mera actualización del discurso público.

No podemos olvidar un siglo de autoritarismo; lo que hicieran los gobernantes era inapelable (en muchos persiste esa actitud), una muestra: preguntar sobre su sueldo era pecado capital. La ausencia de democracia era, hace poco, nuestro hábitat, que un partido acaparara los triunfos electorales era mansamente aceptado por la mayoría, aunque en el trance de setenta años hubo mujeres y hombres que se jugaron la vida, no pocos la perdieron, al protestar contra "la dictadura perfecta". El orden machista es milenario, aunque en las formas aparenta haber mudado en la década de los cincuenta del siglo anterior, en el fondo el arreglo social mantiene una sobredosis testicular; por ejemplo, es más tenaz el seguimiento que los medios dan a la relación de la actriz Kate del Castillo con El Chapo Guzmán, que la que dieron a casos similares en los que estaban involucrados hombres, del diputado Godoy Toscano, con vínculos evidentes con el crimen organizado, en complicidad con otros legisladores, políticos hoy vigentes, que llegaron al extremo de ocultarlo en la cajuela de un auto para llevarlo a tomar protesta, o personajes como Humberto Moreira, que gozan de la suavidad del juicio de miembros conspicuos de la opinión pública, o los hechos de la profesora Gordillo, juzgada con rigor que luce justiciero y luego puesta en la cárcel, en contraposición con el líder de los petroleros, Romero Deschamps, que disfruta de privilegios y de su inmensa fortuna; y no es que en los asuntos expuestos se debata si unas son más buenas que los otros, o menos malas, no se trata de eso, sino de resaltar el trato diferenciado entre hombres y mujeres, el persistente arreglo varonil de las cosas.

Entonces, desde el autoritarismo y la ausencia de democracia, desde la discriminación de género y el constante privilegiar a los grandes capitalistas en perjuicio del medio ambiente, cómo debemos calibrar y qué representan la presunción en el Informe del gobernador respecto a que el documento es una pura rendición de cuentas, o los ciudadanos y ciudadanas invitados a glosarlo o la alerta de género o la defensa, insinuada como heroica, del bosque Los Colomos o la bendición jurídica que la Corte dio a las uniones entre parejas del mismo sexo. De entrada, son apenas un intento para aproximarnos a la justicia, a un orden democrático pleno, deudas constitucionales del sistema, no una concesión graciosa de las autoridades; y después, de esos asuntos no hemos visto efectos, resultados objetivos, sólo testificamos la nueva retórica política con su tufo académico, ¿acaso aquello que informa el gobierno lo constatamos en nuestra vida diaria, en nuestros bolsillos; participamos en las decisiones de los gobernantes, sabemos por qué las toman? ¿Las mujeres viven mejor, las preferencias sexuales no son motivo de discriminación, el derecho a un medio ambiente sano es una realidad con el pleito legal por Los Colomos? Aquello que respondamos es lo que en verdad nos atañe, lo demás es mero intento por ponernos conceptualmente al día, que no está mal, si no dejamos de situarlo en perspectiva.

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