Escrito en España

¿Cómo se evita la masturbación?

Todo sea por la salvación propia y ajena. Y por la higiene; que una cosa lleva a la otra, o viceversa.

No tiene desperdicio, así que lo recomiendo. Denle al buscador de internet, y luego no vayan diciendo que soy un descreído materialista, ajeno a las cosas del espíritu. O del alma. Como ven, hago publicidad gratis, por la patilla, del asunto que nos ocupa. Todo sea por la salvación propia y ajena. Y por la higiene; que una cosa lleva a la otra, o viceversa. El asunto se llama Educar hoy: sexualidad, vida y salud, y está trajinado por un equipo de profesionales vinculado a la, por otra parte, prestigiosa universidad de Navarra. Y lo bonito del asunto no es que los contenidos de ese lugar internetero manifiesten opiniones libres en un país libre, sino que, además, tales opiniones se ofrecen públicamente como servicio serio a centros escolares, guías didácticas y material educativo de profesores cristianos y decentes. Para enderezar, en fin, tiernos retoños antes de que los vicie el peso del pecado. Por eso hoy los cito, difundo y aplaudo. No siempre va a ser mi inmediato vecino de página quien se ocupe de asuntos del espíritu.

La masturbación, asegura ese equipo de educadores profesionales, conlleva alivio físico, para qué nos vamos a engañar; pero nunca una satisfacción afectiva plena. No es verdadero aprendizaje del amor. Al contrario: es un abandono egocéntrico propio de inmaduros adolescentes; y aquellos que afirman que les apetece, relaja o divierte, y que no ven nada malo en ello, están equivocados: “Para estas personas es aconsejable la consulta con un profesional de confianza que les pueda ayudar a superar esa falta de control”. Por ejemplo, un médico, un psicólogo, o, atención, “un asesor espiritual, a condición de que entienda el problema”.

Pero bueno. Imaginen que ustedes, jóvenes o adultos, sienten unos deseos irreprimibles de abandonarse egocéntricamente, y que en ese momento no tienen cerca un confesor experto en masturbaciones. Tranquilos. Existen argumentos para combatir la cosa en solitario. Por ejemplo, éste: “Ayuda a fortalecer la decisión de no masturbarse el recordar que es necesario protegerse de la erotización del entorno actual”. ¿Y cómo hacerlo? ¿Cómo fortalecer a los jóvenes, tan vulnerables a la masturbación y otras perversiones?, se preguntarán ustedes con ansia. Pues muy fácil. Instalando el ordenador en lugares visibles de casa como la sala de estar, haciendo uso moderado de las redes sociales y, sobre todo, de la tele: “Ciertas series pueden erotizar a los adolescentes aunque no tengan contenido sexual explícito”. Otra manera de evitar la masturbación es ocupar el tiempo libre de modo constructivo; por ejemplo, buscando junto con sanas amistades “la respuesta a los problemas bioéticos que se plantean hoy en día, como el aborto, la clonación, la eutanasia o la responsabilidad que tenemos ante el hambre en el mundo”: sistemas infalibles, todos, para que a uno se le vayan las ganas. Pero esas respuestas, ojo, no deben buscarse en promiscuos centros comerciales: “Los que pasan tardes enteras en centros comerciales acaban buscando pareja para pasar el rato. Los rollos de una tarde no te preparan para el amor; más bien te predisponen para la masturbación”. Como también predisponen “el tabaco, el alcohol y otras drogas, como la marihuana”. Porque el mayor beneficio “es abstenerse de cualquier actividad sexual hasta la edad adulta: la situación ideal es haber alcanzado un compromiso estable y duradero en el matrimonio”.

Hay más consejos útiles, decisivos, pero se me acaba la página. Son interesantes y educativas, también, las opiniones sobre homosexualidad y la forma de curar a los enfermos que la practican, habida cuenta de que “el estilo de vida homosexual, especialmente en varones homosexuales, conlleva riesgos graves para la salud”. Ni es moco de pavo la consideración sobre invitar o no —por supuesto, no— a casa a un hijo o miembro de la familia si viene “con la novia con quien convive, es divorciado con nueva pareja o pareja homosexual”. En tales casos, el consejo es reunirse con ellos “a cenar, tomar un café, en otro sitio que no sea nuestro hogar”.

Les recomiendo la página: bello manual para habitar el templo sagrado de nuestro cuerpo. Como dije antes, la sigo mucho; y gracias a ella tengo una serenidad espiritual que te rilas, tía Camila. He dejado de visitar centros comerciales, no cato la mariguana ni me junto con divorciados, y estos días ando —asignatura pendiente— atento a que los educadores de la prestigiosa universidad me detallen los daños bioéticos resultantes de masturbar a otros. O a otras.