GARGANTA PROFUNDA

La amenaza de Zavala

Desde el fracaso del pasado 7 de julio, prácticamente no hay semana que Pablo, Pablito Fernández del Campo, el agónico delegado presidente del PRI en Puebla, acuda ante la dirigencia nacional del partido para señalar con su dedo flamígero a Javier López Zavala y Enrique Doger como los grandes traidores, culpables –según el novel político- de todas y cada una de las desgracias del tricolor en el estado.

Incluso ha armado “expedientes” con las supuestas pruebas de la forma en que el ex candidato a la gubernatura y el ex presidente municipal jugaron a favor de los intereses de Casa Puebla; alentado por el delegado Moreno Peña, Fernández ha pedido valorar la expulsión del PRI de ambos, con el argumento de que es necesario dar una lección contundente al resto de la militancia, eliminando hoy a las “manzanas podridas” para que mañana no se repitan las traiciones.

Torpe, Pablito no se da cuenta de dos premias básicas: la primera: con su actitud, a Zavala y Doger les está atribuyendo un poder ilimitado y una influencia que honestamente hoy ninguno de los dos tiene en Puebla, y segundo: olvida que los dos son actualmente diputados federales y por tanto poseedores de dos votos valiosísimos, necesarios, para sacar adelante las polémicas, y en muchos sentidos, regresivas reformas estructurales del presidente Peña Nieto.

Lo peor es que con tanta insistencia ya logró soltar a los demonios, al menos en el caso de Zavala, quien según cuentan, harto de los constantes golpes bajos de su “dirigente”, ya envió un mensaje claro y firme al alto mando del partido.

Ha dicho que si Pablito insiste en culparlo de la catastrófica derrota del PRI en las pasadas elecciones, ahora sí les dará toda la razón perfilándose desde ya como el candidato natural a la gubernatura del Partido Social de Integración (PSI), precisamente aquel cuya paternidad le atribuyen y que provocó una sangría al tricolor al impedir que ganara al menos 5 diputaciones y 22 municipios.

Aunque a Zavala a veces se le subestima, se olvida que fue candidato a Casa Puebla, que mal o bien tiene una base de simpatizantes trabajada desde sus tiempos de secretario de Desarrollo Social, que su mercado electoral es el mismo del PRI y que el pasado 7 de julio, el PSI obtuvo la nada despreciable cantidad de 113 mil 958 votos en todo el estado. Suficientes para inclinar la balanza en una elección a gobernador.

Así que no conforme a PRI en un hoyo negro sin fin, Pablito continúa dividiendo y sembrando encono. Todo parece que no descansará hasta desaparecer lo que queda del partido, con la absurda idea de que si él se hunde, el tricolor también debe hacerlo. Ojalá que cuando en el CEN se decida a apurar el relevo, no sea demasiado tarde.