GARGANTA PROFUNDA

PRI: Amenazas, castigos y varitas mágicas

Metida en su papel de todóloga de ocasión, acostumbrada a las ocurrencias, no a las ideas, Ivonne Ortega cree haber encontrado la “fórmula” para resolver la crisis que agobia al PRI en Puebla: mantener a Pablo Fernández del Campo en la dirigencia estatal, pese a que este joven inexperto y corrupto es, ha sido y seguirá siendo el principio de todos los males del partido, y practicar una especie de “borrón y cuenta nueva”, dejando de lado los castigos a los traidores para que éstos continúen conspirando en las sombras para que el añoso y esclerótico instituto político –ya tiene 85 años- siga sumido en la mediocridad, la falta de competitividad y la ausencia de liderazgo y compromiso.

En el análisis de la secretaria general del CEN, los priistas poblanos no son malos, son pésimos, pero con esos burros tiene que arar. Por eso, como niños de kínder, les ha dejado a dos nuevos delegados –oriundos, como ella, de Yucatán- que harán lo que todos los anteriores: improvisar y ensayar con sus nuevos conejillos de indias, pues está claro que ni siquiera tienen un diagnóstico claro de lo que sucede en las cañerías del partido en Puebla, con un dirigente que nadie respeta, que todo mundo ningunea y que no transmite sino depresión, incapacidad y miedo.

“Hasta que haya unidad” se despedirá a Fernández del Campo, ha dicho la señora  Ortega, como si esa, la unidad, se comprara en la tienda de la esquina y los priistas poblanos no fueran buitres carroñeros, acostumbrados a devorarse unos a otros, capaces de sentarse a comer para compartir el pan y la sal y sacarse la foto para a continuación, de inmediato, clavarse el puñal.

Un ejemplo: bastó que la secretaria general ratificara a Pablito como el “líder” del partido para que empezaran a filtrarse aspectos hasta hoy desconocidos de su vida privada, como ciertas relaciones personales lo bastante singulares para un hombre que, además, presume de ir a misa todos los fines de semana, comulgar, guardar vigilia y contarle sus pecados al sacerdote de turno.

Ese es el verdadero PRI de Puebla que ni Ivonne Ortega ni sus enviados, Angélica Araujo y Gabriel Barragán, quieren darse por enterados de su existencia.

Creen que con una varita mágica se van a resolver años y años de agravios, descalificaciones, rivalidades y fracturas que en el fondo no tienen remedio.

El PRI local no necesita ser tratado como menor de edad y menos ser manejado a control remoto por dos auténticos desconocidos. Bastante tiene con soportar la humillación de ser “dirigido” por un colega de bajo perfil, con pies de barro y cerebro extraviado.

Urgen hechos y soluciones, tratamientos completos y no solo remedios; no más sueños, falacias, ni cuentos de hadas. Tampoco las puestas en escena de una experta, como Ivonne Ortega, en dar atole con el dedo, como en la campaña de 2013, cuando vino, prometió y… los dejó “colgados de la brocha”, huérfanos, hambrientos y frustrados, con la brújula perdida y la rabia contenida. Como ayer, como hoy.