GARGANTA PROFUNDA

Y Agüera se mueve…

Tras la derrota del pasado 7 de julio, Enrique Agüera se encontró más solo que nunca.

Frente al espejo, se vio sin la rectoría de la BUAP, sin la alcaldía de Puebla y sin la delegación del IMSS que ya sentía suya, y todavía peor: sin ruta crítica para rehacer su incipiente carrera política.

Los amigos no eran tan amigos y los enemigos eran de a de veras, como se lo dijeron el fin de las llamadas telefónicas, el cese de la interminable fila de personas queriendo hablar con él y la terminación infinita de los halagos sobre las virtudes de quien acabó convertido en uno de los grandes mitos geniales del PRI.

Hoy, sin embargo, Agüera quiere regresar por sus fueros. Y ya se mueve, pretendiendo llenar los vacíos dejados por Pablo Fernández del Campo y Fernando Moreno Peña, y asumir un liderazgo en un PRI huérfano de brújula.

De hecho, su reaparición –o reinauguración- pública durante la toma de protesta de Alfonso Esparza Ortiz como rector de la BUAP, donde pudo observar en los ojos de todos, reflejados en los suyos propios, la abismal diferencia que hay entre un político ganador y uno perdedor, fue sólo el comienzo del nuevo camino.

Con el apoyo de la secretaria general del CEN, su amiga Ivonne Ortega, Agüera está dispuesto a erigirse en factótum de los priístas poblanos, de cara sobre todo al morenovallismo, que el tricolor sigue sin poder descifrar.

No es extraña, por eso, la cena a que está convocando para este miércoles 9 con todos los diputados federales de su partido en el Distrito Federal.

Agüera será el anfitrión de los legisladores de Puebla a partir de las 20:30 horas en el restaurante Suntory Lomas, ubicado en Montes Urales 535 en Lomas de Chapultepec.

Sí. El ex candidato del PRI-PVEM a la presidencia municipal ya está operando con distintos grupos del partido.

No ha decidido asumir la dirigencia estatal que más temprano que tarde abandonará un Fernández del Campo cada vez más débil.

Es sólo una de sus opciones. Pero mientras tanto, ya trabaja para resurgir, como el ave Fénix, de sus cenizas. Porque en política no hay muertos y suele ocurrir que cuando fallecen de verdad, al tercer día resucitan.