Cultura y Arte

¿De veras queríamos ser democráticos?

Joaquín Sorolla, los prodigios de la luz

(Segunda parte)

 

En este año, Joaquín Sorolla cumple dos efemérides de manera simultánea: ciento cincuenta años de su nacimiento y noventa de su muerte. Hablar de Sorolla es hablar de sus amores, que fueron pocos, pero muy intensos: La luz del mediterráneo, los jardines andaluces, el cuerpo en lo cotidiano, su esposa Clotilde y sus tres hijos. A diferencia del tormento que estereotipa a los  artistas del romanticismo como personajes de intensidades amorosas frustradas, Joaquín Sorolla es el hombre que ama toda su vida a Clotilde, su mujer, desde que la conoció cuando ella tenía catorce años.

Ella era hija del fotógrafo Antonio García; se conoce poco de su infancia, aunque se deduce que de su gran afición a la lectura, su correcta ortografía y el manejo de la traducción del francés, tuvo en desde temprana edad una educación muy cuidadosa, propia de una clase social acomodada. Sorolla trabajó en el taller de Antonio García como iluminador de registros fotográficos, padre de Clotilde. Ahí aprendió el encuadre, la elección de la mirada, pero sobre todo, al registro de la realidad cotidiana. Si reflexionamos la influencia que tiene la fotografía como disciplina artística en Sorolla, nos daremos cuenta de que ambas dirigen la mirada hacia la luz que incide en los cuerpos que la reflejan; ahí encontramos veladuras, brillos, reflejos, transparencias. Como si se tratase de un reportero gráfico, Sorolla pinta la cotidianidad con Clotilde, su esposa, modelo, musa, amante. Escribe Sorolla en su correspondencia a Clotilde:

“…cuan desgraciado hubiera sido yo, si no te hubiera querido como te quiero. Qué ratos tan tristes cuando no pintaba, y la misma pintura no creo que me compensase si tú no me hicieras feliz, Dios en todo me atiende, muchos y apasionados besos. Pintar y amarte, eso es todo ¿Te parece poco?”

Su equilibrio interior estaba depositado en Clotilde y afortunadamente para ambos, ella lo amaba profundamente. No estamos frente a la tragedia romántica de Modigliani atormentado con Jeanne Hébuterne, la diversidad femenina que frecuentó Pablo Picasso o el apostolado amor del matrimonio de León Tolstoi frente a la inestabilidad emocional de Sofía Behrs, su esposa. El amor de Joaquín Sorolla es vivido en la cotidianidad, día a día. Clotilde es todo para él, con su pintura y sus demás amores, ama la vida. La mirada del pintor lo constata. Los niños, los pescadores, las vendimias, los jardines, las playas iluminadas son registrados con los colores del pintor con un amor que mueve su mano y su espíritu. Sorolla ama profundamente los cuerpos iluminados, desnudos o cubiertos, brillantes o translúcidos. La figura humana es el gran tema del pintor, con pocas excepciones done el mar y los jardines andaluces hacen su aparición como protagonistas.

Sorolla nos deja ver a través de sus pinturas el cuerpo humano. Es una constante ver en Clotilde diferentes tipos de vestimentas, la utilización del conocido corsé que ajustaba la cintura y el polisón que abultaba la parte posterior del cuerpo femenino. Esta moda, de origen francés, tiene connotaciones sexuales que privilegiaban la mirada masculina. El cuerpo de la mujer, a través de esta vestimenta,  mentía a través de estos artilugios, para beneplácito del deseo del varón.

En esta época, los baños en el mar se pusieron de moda debido a que varios médicos europeos determinaron que el agua salada era benéfica para el cuerpo. Sorolla registró en sus pinturas el papel predominante que juega el mar mediterráneo como punto de concentración y paseo familiar. El mar alimenta, es motivo de juego, de descanso, es punto de partida y regreso; el mar es el contenido abismal de la presencia de la naturaleza en el hombre; es motivo de luz. Sorolla ama profundamente el mar cantábrico y mediterráneo.

Clotilde modela, seduce, juega, lee, se descubre pensativa, se desnuda. Es musa y es compañera. Es madre, mujer, musa, modelo. Ella comprende desde muy temprano que es esposa del pintor que va creciendo, no solo en España,  sino también en París y Nueva York, las ciudades depositarias de la cultura. Clotilde entiende lo que necesita su esposo: dedicarse a la pintura. Ella ama a Joaquín y en consecuencia ama lo que hace, lo que mira, lo que observa. Por eso es motivo de su pintura: sus dos amores conviven en Sorolla de manera intensa.

“Mi querida Clota, llego ahora de buscarte una docena de claveles y violetas. Son para ti, no las había más hermosas. Tu Joaquín”.

Cuando Sorolla viajaba sin su mujer, mantenía con ella comunicación a través de cartas escritas, donde se dirigía cariñosamente a ella como “mi fea, mi doble fea” y se despedía con “mil besos”, excepto cuando ella le decía cariñosamente “manirroto” y entonces en broma él le contestaba “besos a los niños y a ti, ninguno”. Encontramos en su correspondencia una relación de juego cariñoso y de un profundo extrañamiento. El amor de Joaquín Sorolla a Clotilde y la pintura eran su vida.

El 27 de Noviembre, dentro de la celebración del quinto aniversario del Museo de Arte e Historia del Forum Cultural Guanajuato, inauguraremos la exposición Joaquín Sorolla, los prodigios de la luz a las 19:00 hrs. Esperamos contar con su presencia.

@Arturo_Joel_PC