Cultura y Arte

Tres esculturas de Javier Marín en el MAHG

En días previos inauguramos con la presencia de Javier Marín, tres esculturas de gran formato en los jardines del Forum Cultural Guanajuato. Las esculturas, nombradas Vainilla, Chiapas y Córdoba, conviven de manera natural con los enormes árboles que nos acompañan y que festejan con nosotros este acompañamiento plástico del espíritu. Parecería que asisten estas obras a su lugar de origen, donde el espacio abierto recibe y reconoce las esculturas como parte de su propio discurso. En las propias palabras del artista, el nombre de las esculturas corresponde al nombre de la calle donde se encontraba el taller en el que fueron modeladas.

Así son estas tres esculturas que, inquietas, reconocen el espacio como quien llega a un lugar familiar. Seguramente de noche giran para ver el firmamento y de día dialogan con los transeúntes que se detienen curiosos para corroborar sus oquedades, las texturas y las miradas, las cicatrices que Javier deja como registro testimonial de un proceso pleno y radiante. Y es que Javier Marín dignifica el cuerpo humano desde una perspectiva donde el pasado interviene pero el presente determina. Es el cuerpo que diluye las coyunturas del tiempo, que dialoga de manera recíproca, de ida y vuelta; es el cuerpo que adquiere vitalidad, razones para vivir. Y es que precisamente cuando el cuerpo en la modernidad se fragmenta hasta su descomposición, Javier Marín lo compone desde la fragmentación. De esta manera le da aliento al bronce, permitiendo que su epidermis respire y se oxigene, reviviendo el mental con un soplo.

Escribe Santiago Mutis, textualmente: “Cuando nos hemos herido a nosotros mismos, podemos saberlo en la doliente belleza de las esculturas de Javier Marín, en donde una vez más podemos ver la luz del ser humano, su magnífico cuerpo, su belleza, su alma profunda surgiendo del largo castigo que le hemos infligido. La grandeza desgarrada de sus esculturas es insólita en nuestros días, en los que el hombre solo puede aspirar a sobrevivir en su pequeñez”.

La modernidad se ha expandido con idiomas inconmensurables, alejándose de la significación del arte en lo cotidiano. No es así con las tres esculturas monumentales de Javier Marín, que nos acompañarán en estos días privilegiados para dialogar con ellas desde la intimidad y la colectividad, invariablemente. Nos llaman la atención y nos convocan el espíritu para recorrerlas con la mirada, tímidamente con el tacto, en la cercanía y en la distancia, como tres atlantes derrotados que buscan perspectivas y encuentran seres humanos. Como Javier nos advierte, la mejor interpretación es la que el público genera con su propia experiencia; el artista de manera consciente cede su propio discurso al proporcionado por el público que interactúa con las formas, sus texturas y sus posibilidades.

A lo largo de treinta años de experiencia artística, Javier Marín ha desarrollado más de setenta exposiciones en diversos países, sobre todo en países de Europa y América. Nació en 1962 en Uruapan, Michoacán, estudiando en la Escuela de Artes Plásticas de la UNAM, anteriormente Académica de San Carlos. Su exploración técnica inició con el manejo del barro, la piedra y el bronce. En los años recientes ha experimentado con residuos orgánicos como elementos que proporcionan superficies desconocidas: carne seca, pétalos de flores, semillas de distintos frutos. Javier explora la técnica para encontrar nuevas posibilidades sensoriales a sus obras. La relación entre la escala humana y las esculturas es sobresaliente; su apreciación es periférica, es decir, el espectador contempla en movimiento; su desplazamiento es parte de su necesidad de conocer obra.

e percaté de manera muy agradable, como Javier Marín espera que el espectador formule las preguntas y las respuestas a sus preguntas.

Y es que estamos acostumbrados a que el artistas justifique los argumentos de la obra, cuando es ésta la que debe de presentarlos conjuntamente con el espectador que la contempla. El espectador es un individuo que se encuentra a la expectativa, es decir, permanece abierto para recibir lo que la obra artística le proponga. Las esculturas de Javier Marín contienen en su presencia un dramatismo propio de las gestas heroicas, cabezas cuyos rostros lloran al caer, lamentando su destino. Javier es un artista que confronta el clasicismo con el discurso contemporáneo. Es clásico porque sus esculturas nos remiten al cuerpo como obsesión; contemporáneo porque la interpretación del cuerpo no es la del artista, sino del espectador. Esta singular conceptualización entre el pasado clásico y el presente, hace de la obra de Javier Marín un producto artístico sin localización temporal; es fascinante y monumental, dramático y sensorial.

Los esperamos en los Jardines del Forum Cultural Guanajuato que, como un proyecto artístico en extramuros del MAHG, comparte con todos ustedes estas magníficas esculturas de Javier Marín. Esperamos que sea del agrado de todos ustedes.

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