Cultura y Arte

El centro de la ciudad de León

El Centro Histórico es el espacio urbano que relaciona nuestra identidad histórica con el turismo cultural, comercial y administrativo. La idea de centro nos infiere la idea del origen, prácticamente de tipo geométrico que conlleva la concentración de la autoridad civil y religiosa. Efectivamente, el centro de nuestra ciudad fue el origen de la misma, considerando que nuestros barrios fueron creciendo con la llegada de culturas nómadas que se fueron asentando en agrupaciones indígenas, chichimecas, negroides, otomíes, entre otras. Así fue creciendo el centro de la ciudad y sus barrios, con tierras de cultivo de por medio, el río alimentando con su cauce los sembradíos y su ganadería.  La fundación de la ciudad en 1576, conocida como Valle de Señora, consistió en el trazo de veinticuatro manzanas o solares, las cuales fueron ocupadas por españoles nacidos en la península. Los barrios ejercieron poder de atracción: El Barrio Arriba, el Coecillo y San Miguel.

Para finales del siglo XIX, el Arco de la Calzada era la puerta de entrada a la ciudad, siendo diseñado de tal manera que se le otorgaba más relevancia a los ciudadanos que a sus visitantes. Junto al Arco de la Calzada encontramos en ese entonces, una importante formación arbórea, que recordaba más un medio natural que un espacio controlado. En este sitio se levantaron las casas de campo, que se ubicaban fuera de la ciudad, lejos de la vida cotidiana.

Talleres de rebocería y del curtido de la piel crecieron de manera vertiginosa. La ciudad logró ser la tercera ciudad más importante del país, debido al trabajo empeñoso de sus habitantes y a su visión emprendedora. Desgraciadamente las inundaciones de finales del siglo XIX fueron tan destructivas, que una importante cantidad de habitantes afectados tuvieron la necesidad de ocupar los sitios altos, como el cerro del Calvario y el Santuario de Guadalupe. Sin embargo, la recuperación fue posible debido al trabajo emprendedor de sus habitantes. Para principios del siglo XX existían 1287 fábricas de calzado, 265 talleres de rebocería y 144 de carpintería y ebanistería. También la ciudad era destino de personajes tan importantes como Guadalupe Posadas, María Greever, Luis Long, Ángela Peralta, quienes contribuyeron, como muchos otros, al engrandecimiento de la ciudad.

La llegada del automóvil trastocó la calma y la quietud de todas las ciudades. Las calles empedradas estaban hechas para soportar el peso de carruajes y carretas jaladas por animales de carga. Posterior al estallido de la Revolución, la calle conocida actualmente como Francisco I. Madero, se convirtió en el la vialidad más importante, debido a que conducía a la capital del Estado. En 1964 se traza el boulevard Adolfo López Mateos, comunicando los dos polos de la ciudad y destruyendo una importante cantidad de predios de valor histórico que el trazo encontraba a su paso.

La peatonalización del primer cuadro del centro histórico contribuyó a poderle otorgar al peatón lo que gradualmente le había quitado el automóvil: su caminar por la ciudad. Las grandes ciudades tienen el reto de poderle otorgar a sus ciudadanos la seguridad del libre tránsito, tanto vehicular como peatonal. Esta consideración deberán de tenerla tanto vehículos de motor como mecánicos, y por supuesto los ciudadanos de a pie.

Edificios que son emblemáticos, que forman parte de nuestra identidad ciudadana y que constituyen el atractivo turístico, educativo y cultural del Centro de nuestra ciudad, son varios. Contamos con un patrimonio histórico y artístico de singular importancia. Para citar solamente algunos ejemplos se encuentra la Antigua Cárcel, el Teatro Doblado, El Museo de la ciudad, el Expiatorio con su plaza pública, la Biblioteca Antonio Torres Gómez, la Catedral Basílica, la Plaza de Gallos, el Hotel Francés, el Arco de la Calzada, la Casa Luis Long y una cantidad importante de templos y arquitectura civil, entre muchos otros inmuebles de valor patrimonial, incluyendo a los barrios. El aspecto más importante del rescate del Patrimonio tangible e intangible es la participación de la ciudadanía. Los proyectos deberán, cada vez más ser impulsados por los ciudadanos, a los que se les destina. A pesar de que cada día se programan cada vez más recursos al patrimonio edificado, resulta permanentemente insuficiente sobre todo por el retraso histórico que hemos adquirido por la falta de una atención oportuna a nuestros inmuebles históricos y registros. La especulación inmobiliaria, la falta de una planeación adecuada en la defensa del patrimonio cultural y la falta de una conciencia valorativa de nuestro pasado, son algunos de los obstáculos que ha sorteado la defensa del patrimonio de los Centros Históricos de nuestras ciudades. Afortunadamente los espacios académicos se abren a la inclusión de discursos que contemplan la salvaguarda de nuestro pasado. La extinción de los vestigios culturales, igual que el de las especies, es irremplazable.

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