Cultura y Arte

La antigua cárcel de la ciudad de León

Es frecuente que el olvido sea uno de los síntomas que se presenta con mayor recurrencia en nuestras sociedades modernas. Es el caso de la antigua cárcel de la ciudad construida por un maestro de obras los primeros años del siglo pasado. Aprovechando los cimientos de la Casa del Diezmo, se levantaron los muros y las cubiertas de lo que sería la antigua cárcel, ahora ubicada en la esquina de Justo Sierra y Belisario Domínguez. Si recordamos históricamente que por esos años la ciudad se recuperaba de inundaciones implacables, la construcción de este inmueble representó su recuperación y la institucionalización del orden.

Seguramente a lo largo de los años, el inmueble no solamente funcionó de manera adecuada, sino que atestiguó acontecimientos que fueron construyendo la historia moderna de la ciudad. Durante los últimos años porfiristas el inmueble encerró en sus celdas a revolucionarios incipientes; lo mismo sucedió durante el movimiento cristero en el Bajío y la matanza del 2 de Enero en nuestra ciudad. El edificio ha sido un agente activo en la construcción de la historia reciente de la ciudad, hasta que dejó de ser cárcel en 1988. A partir de entonces, ha sido parcialmente biblioteca, oficinas de gobierno, escuela de música, entre varios usos menores.

En 1989 participé en el proyecto de restauración para proponer el centro cultural de la ciudad. El proyecto ganó el primer lugar nacional en el concurso Herencia y vanguardia convocado por la Federación Internacional de jóvenes arquitectos. Recuerdo que el registro de los deterioros del inmueble se realizó en condiciones muy complejas: se encontraba ocupado parcialmente por personas que padecían enfermedades mentales. La atmósfera interior todavía guardaba la presencia de los reclusos, como si hubiera quedado impregnado de todo tipo de soledades y sufrimientos. Los muros todavía registraban frases que los propios reclusos grababan sobre la pintura carcomida, todo tipo de expresiones, peticiones, rezos, amoríos. Era frecuente encontrar recortes de revistas con mujeres atractivas y estampas religiosas, principalmente de santos. Una zona considerada de alta peligrosidad parecía más una mazmorra medieval que una celda del siglo veinte: oscura y lúgubre, sin posibilidad de distinguir el día y la noche, con los consiguientes problemas de salud por falta de ventilación y profundo hacinamiento. Las celdas más favorecidas tenían relación directa con el patio principal, las cuales contaban con un pequeño óculo sobre la puerta de la celda para el ingreso de aire y un poco de sol; algunas celdas todavía guardaban los soportes viejos de los catres donde algunos dormían sobre cartones y otros sobre cobijas. Una zona de visita conyugal era seguramente motivo de abusos y vejaciones, debido a que no existía ningún tipo de privacidad para el recluso; las esposas visitaban a sus maridos en espacios improvisados, divididos por unas cortinas que colgaban de manera simple. Todavía más sorprendente fue encontrar celdas de castigo, espacios reducidos, similares a los de un ataúd, donde sometían a los reclusos por aislamiento, cansancio y falta de alimento. Lo que parecía una enorme capilla, funcionaba como taller de oficios, donde los reclusos realizaban trabajos de carpintería y zapatería seguramente a cambio de favores al interior del mismo. También se encontraba un pequeño gimnasio, donde colgaban del techo bolsas de arena para golpear, y donde se ejercitaban de manera primaria. El espacio se ocupaba más allá de su límite, el hacinamiento producido durante los últimos años debió de haber producido desgracias que fueron guardadas en el silencio de los muros.

Ubicado en esquina y en el primer cuadro de la ciudad como un protagonista sobresaliente de la arquitectura ecléctica porfirista de nuestra ciudad, la antigua cárcel ha tenido una serie de infortunios posteriormente al desalojo de sus reclusos. Sobre todo el seguimiento a un proyecto integral que oriente y determine su destino de manera consistente. Seguimiento a un plan que determine tanto las actividades de conservación de sus elementos como la incorporación de actividades para un nuevo uso.

Se ha propuesto albergar en este inmueble al Museo de las Identidades Leonesas, idea espléndida desde el punto de vista cultural y participativo, que pugna por guardar registros permanentes de nuestro pasado y del presente que vamos generando, con la visión de postergar a las generaciones venideras un instrumento en el que se reconozcan como parte de una sociedad con características únicas. Sin embargo, la ausencia de un verdadero proyecto integral que considere tanto la apropiación de la sociedad como sus aspectos de conservación y de uso, ha propiciado una serie de acciones desafortunadas que han dirigido su destino en sentido contrario. Es necesario posicionar a la antigua cárcel de la ciudad como patrimonio cultural tangible e intangible y decidir por su conservación en beneficio de la cultura y la sociedad que la generó y la vio crecer. Ojalá así sea.

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