Cultura y Arte

Francis Alÿs y el espacio público

Francis Alÿs nos sorprende con sus acciones urbanas, las cuales no se refiere a ellas como obras, sino como imágenes o intervenciones.

Francis Alÿs es un artista belga que estudió arquitectura en Europa y decidió a los treinta años, viajar a la Ciudad de México, donde encontró un mundo que le provocó profundas reflexiones. Posiblemente nuestra identidad como mexicanos nos parece tan familiar que no hemos reparado en reflexionarla: una multiculturalidad que nos lleva a la visualización de varias identidades, algunas de ellas con profunda evolución a través de los años.

El espacio público es controversial. Se establecen principios legales que impulsan el orden y la convivencia social; sin embargo, existen síntomas contrarios: comercio informal en las calles, manifestaciones que obstruyen la libre circulación, robo de la corriente eléctrica y desperdicio del agua potable, son algunos de los síntomas de una sociedad que convive desde la inconsistencia.

Cuando llega Francis Alÿs a la Ciudad de México y observa ésta manera de abordar el mundo, reflexiona sobre sus intervenciones artísticas. Sin pretender comercializarlas, establece una búsqueda de acontecimientos que tengan sentido en un mundo distinto.

En una casona del siglo XVIII establece su taller, teniendo en cuenta que será  un lugar de paso, un remanso en su actividad. El verdadero taller de Francis Alÿs es la ciudad: caminarla, observarla, intervenirla con el propósito de emprender un gran esfuerzo a cambio de un mínimo resultado. Sin lugar a dudas es un dadaísta extraviado en la urbe, donde descubre un mundo en proceso de conocerlo. Le motiva encontrar un sentido poéticamente metafórico. Para Francis Alÿs el pensamiento lógico ha llegado a su límite. No provoca juicios, sino reflexiones.

A partir del año 2000 y durante las estaciones de primavera, Francis Alÿs sale de su casa a las 5:00 de la mañana para subirse a su Volkswagen color rojo y viajar dos horas rumbo a la delegación Milpa Alta de la ciudad de México. Este lugar es el mayor productor de nopal del país, además fue uno de los sitios más importantes del zapatismo durante la revolución. Pero, ¿qué está haciendo Francis Alÿs en este lugar? Busca tornados de tierra, remolinos. Una vez que los encuentra, corre hacia ellos con una cámara fílmica y se introduce en el interior, buscando su centro. Esto lo repitió varias veces durante ocho años para formar una película con duración de cincuenta y cinco minutos.

Otro proyecto es el que realiza en el centro histórico de la misma ciudad; a las 9:00 de la mañana inicia un recorrido empujando con sus manos sin protección, un gran bloque de hielo. Sorteando desniveles, escalones, banquetas, Francis Alÿs se dispone a caminar con el bloque hasta el momento en que la pesada masa fría se derrita en su totalidad. Recorre las principales cuadras de la ciudad sin rumbo específico. Cruza mercados, puestos ambulantes, avenidas importantes, calles angostas, banquetas con transeúntes de todas las edades. Nadie se da cuenta de un personaje que empuja un bloque de hielo con un propósito artístico. ¿A dónde va Francis Alÿs con ese pesado bloque de hielo? A ningún lugar. A veces grandes esfuerzos no conducen a nada.

De esta manera, Francis Alÿs tiene intervenciones en el espacio público que generan preguntas y reflexiones que nos llevan a tratar de entender sus motivaciones personales. Igual se presenta en el exterior de la Catedral Metropolitana, acompañando a los desempleados de oficio, que en el zócalo de la misma ciudad con un grupo de borregos siguiéndolo.

Francis Alÿs nos sorprende con sus acciones urbanas, las cuales no se refiere a ellas como obras, sino como imágenes o intervenciones. Sin lugar a dudas Francis Alÿs nos permite vernos desde una visión contemporánea y vocación etnográfica. Hacer pausa en el camino y reflexionar con lo que Francis Alÿs nos propone.

Una sociedad que se esfuerza permanentemente en salir adelante descuida los acontecimientos cotidianos que le dan sustento; una sociedad violenta y violentada, donde la agresión física y verbal se convierte en instrumento de deterioro que erosiona nuestra columna vertebral como comunidad civilizada; el hábito de engañar al otro como pulso necesario y obligado en el transcurrir diario, así como tantos otros síntomas que nuestra sociedad contemporánea padece, son temas de reflexión que merecen tiempo.

Francis Alÿs no tiene un  propósito específico además del artístico. Sin embargo, el arte no puede sustraerse de la cotidianidad que refleja los diversos problemas que afrontamos. El arte finalmente es un espejo que muestra el verdadero rostro, de manera insobornable. El arte no es solo un medio de contemplación, sino de acción. Los grandes discursos se han desplomado a favor de los pequeños relatos. Los medios de comunicación, los sistemas digitales y los avances en la tecnología han derivado en un exceso de información que se ha alejado cada vez más de los procesos reflexivos. Francis Alÿs es un artista que nos permite vernos desde una mirada, no como queremos ser sino como somos. De ahí es necesario partir.

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