Cultura y Arte

Alberto Javier Martínez en el Museo del Pueblo

Con mucho agrado he disfrutado de la obra de Alberto Javier Martínez que se inauguró en los primeros días de este mes en el Museo del Pueblo en Guanajuato capital. Presenta cuarenta obras en formato mediano con una característica fundamental: sus trabajos son realizados a través de softwares especializados en dibujo y pintura, recordándonos lo que en los años sesentas en Estados Unidos se veía como una amenaza para el trabajo del artista frente a las investigaciones tecnológicas. Para comprender el proceso que Alberto Javier Martínez desarrolla en su computadora, relataré algunos antecedentes.

Konrad Zuse (1910-1995) fue un ingeniero alemán que fabricó la primera computadora en base a un lenguaje de programación conocido como Plankalkül.  Zuse realizó una gran cantidad de cálculos como procesos de tipo rutinario y sistemático, con el único objetivo de lograr que los procesos se experimentaran más cortos. De manera alternativa Konrad Zuse se dedicaba al arte, aunque nunca visualizó que el ordenador pudiera ser un instrumento para su realización. Mucho menos pensó en que el arte pudiera reducir su tiempo de creación; su principal preocupación era la industria.

Con estos antecedentes, el arte por ordenador se logró el cinco de enero de 1965. Ese día, en la octava planta del edificio Hahn, en la ciudad de Stuttgart, se inauguró la exposición Computergrafik. Georg Nees. En ese período, Max Bense (1910-1990) filósofo y matemático alemán, había determinado el marco teórico que le permitía establecer la Estética de la constatación, es decir, un proceso en que la obra de arte fuera valorada por aspectos precisos, una estética numérica que, aunada a los avances técnicos del ordenador, pudiera renovarse a través de vistas novedosas de nuevas imágenes. Max Bense proclamó una estética exacta, donde todos los valores artísticos pudieran ser fijables de un modo matemático. Ambos se sitúan en la encrucijada del optimismo tecnológico, acrítico, cientificista. Max Bense establece en su análisis numérico que ser estético es ser co-real, es decir, contar con la capacidad de compartir realidades de manera simultánea, las cuales podrían graficarse si se encontraran los patrones algorítmicos que la definen y las producen, creando un lenguaje específico. El programa en el lenguaje de las máquinas se refiere a la serie de operaciones aritméticas que se descomponen en varias instrucciones elementales; finalmente, las instrucciones son indicaciones operacionales. De todas maneras, Max Bense se vio obligado a hacer la aclaración pública de que el arte por ordenador era artificial, debido al sentimiento amenazante que sufrían los artistas tradicionales al no poder entender la nueva artificialidad, por lo que la descalificación de la tecnología no se dejó esperar por el público adverso.

El arte trabajado a través de ordenadores pone en crisis el talento manual, la destreza humana como uno recurso para la producción de objetos artísticos. Los ordenadores podrán repetir cualquier trazo, textura, técnica, contando con los apoyos gráficos que la fotografía y las videograbaciones pueden proporcionar como insumos básicos para su manipulación digital. Y es que nuestras sociedades todavía cargan sobre los hombros algunas banderas que representan otros tiempos. La destreza manual se deberá, con los años por venir, adaptar a las nuevas circunstancias tecnológicas que las sociedades vayamos experimentando. Alberto Javier Martínez trabaja el diseño por ordenador de manera magistral, conociendo las herramientas digitales, manejándolas con especial maestría y salvando lo sustancial del trabajo artístico en su proceso creativo. Igual que a Max Bense hace cincuenta años, estoy seguro que todavía se encontrarán resistencias a la implementación de tecnologías digitales en la producción artística. No podremos sino aferrarnos a lo sustancial en el arte, que por cierto, no tiene nada que ver con la diferencia entre manejar un lápiz, un pincel o un grafito y un teclado, una cámara fotográfica o un escáner. Todos estos recursos, tanto tradicionales como novedosos, son herramientas que nos permiten, finalmente, encontrar el significado de crear arte con el espíritu creativo que permanece en el interior de nosotros mismos. Alberto Javier Martínez  presenta estas obras maravillosas en el Museo del Pueblo que ponen en evidencia el manejo estético de sus trabajos de manera sorprendente.

Para mayor conocimiento, Alberto Javier Martínez nació en León, Guanajuato. Estudió Artes Plásticas en la Universidad de Guanajuato y un posgrado en Artes Visuales del Southern Oregon State Collage en Estados Unidos. Ha obtenido premios a los que se hizo acreedor en la Bienal de Dibujo y Estampa Diego Rivera y mención honorífica en Fine Art Society en Estados Unidos. Obtuvo becas a nivel nacional en apoyo a la creación y ha participado en varias exposiciones colectivas e individuales en México y en Estados Unidos.

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