Técnica mixta

Requiem por el Festival cultural de octubre

Desde la segunda mitad del siglo XVIII Las ferias en México han representado escaparates de comercio, costumbres y productos artísticos, una de las más antiguas de México es la celebrada en San Juan de los Lagos en el mes de diciembre, ya para 1790 era considerada como una de las más importantes en Nueva España, decían de ella que: “grande es el conjunto de géneros de todas partes del reino así como de ultramar” concurrían a ella cantantes y cómicos y era ocasión también para la venta de libros europeos y estampas; durante el siglo XIX, a pesar de las constantes guerras civiles, las ferias lograron consolidarse como formas de exponer los avances artísticos e industriales como sinónimo de progreso, en ese tema se encuentra el linaje de la feria de San Marcos de Aguascalientes considerada como la feria de México.

Con un desfase del calendario religioso que festeja en marzo al patriarca San José, la comunidad indígena de Zapotlán fue autorizada desde 1750 a festejar en octubre a san José como obrero, con anuncio por medio de décimas, carros alegóricos, corridas de toros, danzas y chirimías, la feria de Zapotlán, hecha memoria alegórica en La Feria, novela de Juan José Arreola, en conjunto son las originales fiestas de octubre, lo demás es unicel como quedó demostrado en el desfile de apertura que en un gesto de soberbia mediática fue trasmitido por tres televisoras locales, con locutores que competían por el mejor dislate, “sueltan globos blancos que simbolizan, la paz, la armonía”, en “el carro de crí crí viene la patita fea y la muñeca de la canasta” y el carro del tango ¿qué creen? “Con casas de ese bonito barrio argentino”, campeones del lugar común, los carros de unicel no ocultan que este año las fiestas de octubre ideadas para aprovechar la afluencia de peregrinos a Zapopan y activar la economía de otoño, se convirtieron en dizque “industrias culturales” y no obstante que se hacen con apoyo del estado, suprimieron el festival cultural que llegaba a su XIX edición. Este año doña Chepina y los vecinos del santuario ni de Analco, Oblatos o Mexicaltzingo podrán asistir a escuchar recitales del programa 500 años de música antigua, ni en la plaza fundadores los trabajadores de salario mínimo verán un ballet hindú o una banda holandesa que llegaban como extensiones del festival Internacional Cervantino. Entre lo tradicional y lo contemporáneo [viene a mi mente la orquesta Romeu, magnífico ensamble musical cubano a la manera de orquestas de señoritas], el Festival Cultural de fiestas de octubre acercó nuevos públicos, los de antaño y los recién llegados, así estas fiestas fueron instrumento para cumplir con un derecho constitucional de facilitar el acceso a la cultura, luego entonces el festival cultural resultaba un bálsamo dentro de la feria que promueve la obesidad con la venta de chatarra mayoritariamente, [su foro es extensión de la programación banal de duopolio televisivo].

Con la reducción del festival cultural a los concursos de labrado de cantera y pintura, y con el pretexto de asumirlas como “industrias culturales” [ ¿en que universidad he oído este concepto?], las fiestas de octubre son un escaparate más de la banalidad y mercachifleria que parecen invadirnos como plagas, un mal síntoma para garantizar el acceso a la cultura a la población. El arte y la cultura se difunden no para formar genio o artistas, si no para contribuir a crear sociedades más libres, humanas y democráticas.