Técnica mixta

Museos

Los museos y sus colecciones se resisten a dejar de ser  un aparato ideológico que generaliza el significado de las palabras Arte y Cultura  representadas en objetos artísticos y culturales que puedan caracterizar una nación,  una generación, o una sociedad determinada. Resisten los embates y avances de la tecnología cibernética  que los pone en las pantallas del ordenador doméstico y no sin muchas dificultades siguen con su papel  de marcar distinciones paradójicas entre original y copia, realidad y ficción, presentación y representación marcando el mundo como museológico y no-museológico mientras que al mismo tiempo incluye a estas dualidades en juego.

En el mundo contemporáneo casi cualquier cosa puede ser colocada como espécimen en un museo, y casi cualquier escenario puede ser tomado o designado como un museo. La mera existencia y ubicuidad contemporánea de la institución transforma muchas cosas en materia de museo. Todas las prácticas culturales son  tocadas por algún tipo de práctica museológica.

 La institución, de hecho, constituye un sistema de representación—un aparato ideológico—que opera en las concepciones del imaginario de sus ‘usuarios’ sobre el orden social e individual  tratando de dibujar sobre éstos formas deseables y necesarias de subjetividad y realidad sociales.

El museo es uno de los géneros más brillantes y poderosos de la ficción moderna, comparte con otras formas de práctica ideológica—religión, ciencia, entretenimiento, disciplinas académicas—una variedad de métodos para la producción y objetivación de conocimiento y sus consecuencias socio-políticas.

Desde que en 1861, el gobernador Pedro Ogazón decretara la creación de un museo con las pinturas provenientes de los conventos suprimidos por las leyes de Reforma, el  museo como institución de conocimiento, fue preocupación de la política educativa del estado, debido a los conflictos sociales esta idea pudo cristalizarse hasta 1918 con la fundación del Museo de Bellas artes y Etnografía, actualmente conocido como Museo regional de Guadalajara. Esta especie de caja de Pandora en la que por igual se podían apreciar pinturas de la Escuela mexicana antigua, un borrego bicéfalo nacido en Jalostotitlán o el brazo disecado del asesino del general Ramón Corona, fue el ejemplo ha seguir para la creación de futuros museos en Jalisco. En la actualidad existen 112 museos en todo el estado, una veintena de ellos situados en la Zona Metropolitana de Guadalajara, no obstante esto no es garantía de que su mantenimiento, así como la preservación y difusión de sus colecciones pasen por buen momento; parece ser que este organismo ya no encuentra cabida dentro de las políticas públicas de cultura, en lugar de consolidarlos, de modernizar sus formas de exhibición y facilitar el estudio de sus colecciones, el estado prefiere apoyar proyectos de iniciativa privada del que no se conocen sus propósitos y menos sus colecciones como es el caso del llamado Museo de la Barranca.

El caso más grave de desatención por parte del gobierno del estado es el Instituto Cultural Cabañas, edificio construido entre 1803 y 1810, que fue declarado por UNESCO, como Patrimonio Cultural de la Humanidad en 1997, que alberga importantes colecciones pictóricas como son las de Clemente Orozco, Mathias Goeritz, el legado de Luis Barragán y la colección del Pueblo de Jalisco, colecciones que la mayor parte del tiempo están en bodega, impidiendo con ello su estudio y disfrute,  objetivos principales de su creación; pero ello no es lo más grave: al no aumentar su presupuesto el ejecutivo y el congreso fallan con su responsabilidad de preservar un recinto museístico que podría ser de los mejores de México. ¿Cuáles son las razones por las que el Museo Trompo Mágico, una institución cara y elitista recibe el triple del presupuesto que el Instituto Cabañas? ¿Por qué un museo sin proyecto, sin colección y sin edificio recibe el doble de presupuesto que el Cabañas? Son preguntas que se originan por la falta de un compromiso del Estado para con la conservación del patrimonio .