Técnica mixta

150 años del Teatro Degollado

La mitad del siglo XIX representó para México la batalla definitiva para su definición nacional, atravesada por la guerra de Reforma y la Intervención francesa, vio destruir los centros históricos de sus ciudades principales; Guadalajara la más afectada, el conflicto puso fin a sus construcciones conventuales para convertirlos en plataformas de combate.

Tal vez por estas condiciones el Teatro Degollado debe ser considerado como una obra singular, por haberse construido en medio de un conflicto nacional que tuvo fuertes repercusiones para la ciudad y sus habitantes. Su historia hasta la actualidad nos muestra cómo es que un teatro tiene un lugar importante en el imaginario tapatío. La idea de hacer un teatro digno para la ciudad fue un anhelo que cobró fuerza en la década de 1850; en un artículo publicado por los redactores del Ensayo Literario los jóvenes intelectuales hacían la siguiente reflexión:"Los pueblos mercantiles edifican primero una bolsa; los civilizados comienzan con un teatro. Nosotros no podemos hacer gala de nuestro comercio , y por eso carecemos de aquél; más en cambio jáctamonos ilustrados ¿y dónde está la prueba?".

El gobernador Santos Degollado publicó el 12 de diciembre de 1855, un decreto que autorizaba al ayuntamiento de Guadalajara para vender los ejidos de su propiedad con el objeto de "proporcionar a esta populosa e ilustrada ciudad la construcción de un teatro digno de los jaliscienses". En el artículo 8° se hacía una invitación a todos los arquitectos, para que en plazo de un mes fecha, presentaran planos adecuados al terreno designado así como una explicación matemática y de la economía, solidez y elegancia de su proyecto.

El 25 de febrero de 1856 Jacobo Gálvez fue nombrado como arquitecto responsable de la construcción del teatro, y tres días más tarde se colocó la primera piedra. El 30 de abril el cabildo tapatío aprobó un contrato de 17 cláusulas en el que se establece que Gálvez cobraría diez mil pesos, de los "que se abonarán, mientras trabaje sesenta pesos mensuales", el arquitecto por su parte se comprometía a realizar una buena construcción por lo "que toca a solidez, hermosura y demás reglas del arte", además de dirigir "la parte de pintura, maquinaria y decoraciones...Con base en el plano aprobado por el supremo gobierno del estado y a las vistas interiores y exteriores que el sr. Gálvez entregará al I.C"

Debido a los constantes sitios que sufrió la ciudad de parte de los bandos en disputa durante la guerra de Reforma, los avances fueron lentos. A principios de 1860 cuando los liberales tomaron de nuevo el gobierno se recompuso la bóveda y el gran arco "que habían recibido veinte y tantos tiros de cañón". No obstante las dificultades económicas ocasionadas por la situación política, durante el año de 1862, el arquitecto Gálvez y sus discípulos Gerardo Suárez y Carlos Villaseñor, procedieron a la decoración de la bóveda del gran salón, con una pintura que representa el canto IV de la Divina Comedia, del Dante, pintura que se debe a los pinceles del mismo constructor del teatro, don Jacobo Gálvez y su discípulo, el malogrado joven Gerardo Suárez, y en la cual también colaboró el entonces joven pintor amequense D. Carlos Villaseñor. Aún sin terminar las localidades altas ni el pórtico de la fachada, el teatro fue inaugurado el 13 de septiembre de 1866 para aprovechar la presencia en la ciudad de la cantante Ángela Peralta.