Columna invitada

¿Por qué no hay metro en Guadalajara? Aristóteles y la Rotonda.

Eran los últimos años de la década de los sesenta, el presidente Gustavo Díaz Ordaz solía descansar en Ajijic y jugar golf en el Chula Vista Country Club en compañía de su estimado y cercano gobernador de Jalisco Francisco Medina Ascencio y el empresario Salvador Padilla Aldrete. Era una época dorada para la Perla Tapatía, reflejada entre otras cosas en el éxito del campeonísimo. Jalisco era México, en su mariachi, su tequila, sus mujeres, sus charros, etc. En la Ciudad de México en 1967 iniciaban las obras para construir la primera línea del metro, el presidente había firmado el decreto, la maquinaria estaba trabajando, el financiamiento se había conseguido. En una ocasión, el presidente le dijo al gobernador: “Oiga Licenciado, Guadalajara es ya una gran ciudad y ahora tenemos los medios a la mano ¿por qué no traemos las máquinas y construimos también una línea de metro acá? Estamos a tiempo”. La idea le entusiasmó al gobernador quien entendía de la importancia de las vías de comunicación. Durante su mandato se inauguraron los aeropuertos internacionales de Guadalajara y Puerto Vallarta  (no es casualidad que el segundo lleve el nombre de Gustavo Díaz Ordaz), se construyó la carretera costera y se inició el periférico de Guadalajara, por citar algunos ejemplos. El gobernador fue a hablar de este proyecto con diferentes personajes del estado, sin embargo tuvo que rechazar la oferta. El metro era una idea inaceptable para los choferes del transporte público y poderosos líderes sindicales como Heliodoro Hernández Loza, quienes se opusieron al proyecto temiendo perder las fuentes de empleo e ingresos de sus agremiados. Lo que unos entienden como un triunfo sindical, un triunfo de las clases obreras, de los choferes, evitó que Guadalajara modernizara su sistema de transporte.

Años después los líderes sindicales llegaron a la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres y aquel gobernador no; ahora tenemos otro gobernador y la ciudad mantiene un sistema de transporte colectivo en franca decadencia que en esencia es el mismo de hace 50 años.

Las decisiones que tomamos condicionan las opciones futuras que tenemos para elegir. Por ejemplo, de existir el metro en Guadalajara, las decisiones a tomar ahora serían, ¿con cuál empresa dar mantenimiento a los trenes?, ¿hacia dónde conectar el siguiente ramal del metro –no tranvía, ni tren ligero-?, o ¿dónde instalar la planta de energía solar fotovoltaica para producir la electricidad necesaria para su operación y reducir los costos y la contaminación en la ciudad? Sin embargo, seguimos sin contestar las mismas preguntas de hace 50 años, ¿cómo quedar bien con dios y con el diablo, cómo complacer a los camioneros y dorarles la píldora a los usuarios, diciendo que se pelea para no aumentar las tarifas pero sin tener la capacidad para crear un sistema eficiente de transporte colectivo, no se diga un sistema público? Peor aún, ahora la pregunta parece ser: ¿cómo evitar que día a día los camioneros arrollen y maten hasta decenas de estudiantes, niños, ancianos o ciclistas?

Si las cosas no cambian de raíz, las instituciones solo podrán hacer pequeños cambios, cambios “incrementales”, pequeñas modificaciones que de fondo, en esencia, no cambian nada pues seguiremos “avanzando” por el mismo camino ya pre-seleccionado. Douglas C. North, ganó el premio Nobel de Economía al estudiar cómo la evolución institucional incide en el desarrollo económico. Por un lado dice que una vez que las decisiones institucionales son tomadas, no es posible “regresar el camino”, si quisiéramos cambiar la situación en todo caso se necesitarán nuevas instituciones, en cierta forma una revolución. Por otro lado, North nos dice que solamente las instituciones más eficientes van a sobrevivir. El modelo de transporte colectivo actual puede seguir beneficiando a algunos cuantos, los de siempre, pero no resuelve el problema de movilidad. La solución se ha encontrado en el auto privado y más recientemente en algunos casos, en la bicicleta; el número de autos y bicicletas sigue aumentando, el de unidades de transporte colectivo no. El “sistema” actual de transporte colectivo de camiones y camioneros desaparecerá.

En el tema de movilidad, el actual gobernador puede hacer historia por dos vías. La primera, como el líder que transformó y modernizó el transporte público de Jalisco; en este caso sería la sociedad quien le daría el reconocimiento y ¿por qué no?, bien le podría valer llegar a la Rotonda por lograr lo que nadie pudo o quiso hacer en 50 años. O la segunda opción, siendo un gobernador más, quien manteniendo el status quo, garantice que los camioneros y choferes conserven su negocio y su poder (un rato más); en este caso también podría llegar a la Rotonda con el voto de algunos diputados locales respaldados por organizaciones sindicales, aunque a final de cuentas nadie más sabría por qué.