Columna invitada

Raíces éticas de los problemas ambientales (I)

En 1968 Garrett Hardin escribió su influyente artículo La Tragedia de los Bienes Comunes. En él argumenta que para resolver ciertos problemas, como la sobrepoblación y la contaminación ambiental, las soluciones técnicas no son suficientes. Se requieren además soluciones sociales que tengan de fondo prohibiciones sociales o soluciones morales coherentes con virtudes éticas como la templanza. Si no se establecen una serie de principios éticos y se eliminan ciertos hábitos y vicios presentes en nuestra sociedad, no podremos resolver los problemas ambientales.

Actualmente la tecnología ya nos ofrece diferentes soluciones técnicas para resolver los problemas ambientales que tenemos como son la contaminación del agua, pues existen sistemas de ahorro y de tratamiento de agua; la contaminación del aire, por medio del uso de equipos para el tratamiento de las emisiones industriales, autos eléctricos para evitar el esmog que se genera en el tráfico o energías renovables para sustituir los combustibles fósiles.  En relación al manejo de los recursos naturales también existen tecnologías para reciclar los residuos, podemos implementar prácticas y tecnologías para dar un manejo sustentable a recursos renovables como bosques y pesquerías. Sabemos que para ser una sociedad sustentable tenemos que dejar de basar nuestra economía y modo de vida en el uso de recursos no renovables como los combustibles fósiles y minerales para sustituirlos por recursos renovables. La tecnología que necesitamos para resolver los problemas a los que nos enfrentamos ya existe, pero su mera existencia no garantiza su aplicación o implementación. Se requieren también las condiciones políticas y económicas, sin embargo la economía y la política descansa también sobre ciertos principios éticos que es necesario revisar.

¿Cuál es entonces el origen de los problemas, qué es lo que no nos permite implementar esas acciones para mejorar nuestro ambiente? ¿Qué motivaciones hay detrás de una sociedad que busca altos niveles de consumo sin importar el derroche de recursos? Más allá de las condiciones inmediatas en el contexto político y económico, desde la ética ambiental, Philip J. Cafaro hace reflexiones interesantes. En las próximas semanas comentaré la reflexión que Cafaro hace en su trabajo del 2005 titulado La gula, arrogancia, avaricia y apatía: una exploración de los vicios ambientales.

En esencia, Cafaro propone que los problemas ambientales, y la emergencia de sus costos asociados, pueden explicarse debido a la presencia de vicios como la glotonería o gula, la arrogancia o soberbia, la avaricia o codicia y la apatía o pereza. Estos vicios están presentes en nuestro comportamiento como individuos y como sociedad, es decir, estos vicios también permean dentro de diferentes organizaciones, empresas y gobierno.

En este artículo, estas actitudes, acciones o hábitos –la gula, arrogancia, codicia,…- no se entienden como pecados en el contexto religioso, sino como vicios. Un vicio se puede definir como una acción o hábito que produce primordialmente un daño a quien lo realiza, a los demás y en este caso también al medio ambiente. Es decir, un “vicio” es algo contrario a una virtud, la cual es entonces una acción que beneficia al individuo, la sociedad y también al medio ambiente (por ejemplo, en filosofía se identifican las virtudes de prudencia, fortaleza, templanza y justicia).  Podemos definir como un daño o una consecuencia ambiental negativa, las acciones que disminuyen  el capital natural disponible para la sociedad como aquellas acciones que producen contaminación (del aire, el agua y el suelo) y las que agotan los recursos disponibles para nuestro desarrollo (por ejemplo, bosques, ríos, vida silvestre, fuentes de energía, etc.).

Bajo esta óptica es posible analizar las implicaciones éticas de diferentes situaciones y las acciones del gobierno, empresas o ciudadanos. Por ejemplo los problemas como la contaminación del Río Santiago en El Salto, la construcción de la presa el Zapotillo o la gestión del Río Lerma para entregar agua a Chapala, la contaminación del aire en Guadalajara, la deforestación que ha sufrido el Estado para satisfacer la demanda de tequila, de carne de res y otros productos agropecuarios, la contaminación y ecocidio en la presa Valencia, el cierre de los corredores de fauna del Bosque La Primavera que derivará en la extinción local de especies de vida silvestre, etc. En las siguientes semanas continuaremos con ésta discusión.

Referencias
Hardin, G. 1968. The Tragedy of the Commons. Science. New Series, 162 (3859):1243-1248.
Cafaro, P.J. 2005. Gluttony, arrogance, greed and apathy: an exploration of environmental vice. Chapter 9. EnS andler, R. y Cafaro, P.J. Environmental Virtue Ethics. Rowman and Little field Publishers, EE.UU.

Investigador postdoctoral del Centro de Investigaciones en Geografía Ambiental de la UNAM.

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