Columna invitada

Ecología de la gula (Ética Ambiental II)

El glotón se hace daño al deteriorar su salud y poner en riesgo su vida por la obesidad; este comportamiento también tiene consecuencias sobre el medio ambiente.

Continuando con el tema del artículo anterior sobre el estudio que Philip J. Cafaro hace sobre el origen ético de los problemas ambientales, en esta ocasión iniciamos con el primer vicio: la glotonería.

La gula es entendida como el hábito de comer en exceso, pero puede entenderse también como una forma de incontinencia ante nuestros deseos, siendo lo contrario a la virtud de la templanza. El glotón se hace daño al deteriorar su salud y poner en riesgo su vida por la obesidad; este comportamiento también tiene consecuencias sobre el medio ambiente. Podemos ser no solamente comedores compulsivos, sino compradores compulsivos o “glotones consumistas”, al consumir productos, bienes o servicios que no utilizamos y no necesitamos. Los problemas ambientales surgen porque estos productos requieren recursos para ser elaborados y producirán residuos, descargas o emisiones durante su fabricación, consumo y disfrute. El problema es inicialmente de escala para determinar con la tecnología utilizada actualmente, cuál sería el nivel sustentable de producción. Pero en última instancia el problema de escala es un problema de población. Entonces el crecimiento demográfico desmedido refleja la falta de templanza para tener hijos o poblar el territorio y mantener la población dentro de la capacidad de carga del planeta. En nuestra cultura, existen incentivos para fomentar el crecimiento poblacional, que finalmente significa más consumidores, votos, impuestos (p.e. predial) y limosnas. Algunos de estos incentivos se pueden vincular con la codicia o avaricia, otro de los vicios ambientales identificados por Cafaro.

Continuemos con la gula. Iniciando con el consumo de alimentos como ejemplo, una primera consecuencia sobre el medioambiente sería aumentar la generación de residuos o incluso de comida desperdiciada al comprar o pedir algo solamente para probarlo. Otro aspecto es la demanda y consumo de alimentos con alta huella ecológica; en este caso se incluye la “gula gourmet” la cual aparece no por la cantidad de alimento ingerida por el comensal, sino por la cantidad de recursos necesarios para producir, transportar y servir los alimentos. Podemos comer caviar acompañando una copa de vino tinto que fueron transportados desde Rusia y Sudáfrica, generando emisiones que contribuyen al cambio climático. Otro ejemplo es el consumo de carnes rojas cuya producción requiere más recursos (tierra y agua) y genera más emisiones de efecto invernadero que una dieta vegetariana (p.e. metano).

Sin embargo el problema ambiental más visible asociado a la gula es la deforestación y conversión de ecosistemas terrestres y costeros para producir alimentos. Por ejemplo los bosques y manglares son transformados en áreas agrícolas, pastizales ganaderos o granjas de camarón. Es principal causa de la extinción de especies de animales y plantas, también contribuye al cambio climático y significa la pérdida de servicios ambientales. ¿Nuestra política agropecuaria y prácticas corporativas de producción de alimentos están enfocadas en dotar de más y mejores alimentos a los pobres y malnutridos o en producir carnes y otros productos para satisfacer la glotonería local y la de los “mercados (distantes) de alto valor”?

A nivel nacional, según cifras publicadas por la Comisión Nacional Forestal, Jalisco ocupa el segundo lugar nacional en deforestación, tan solo detrás de Chiapas. Como es común, los cambios de uso de suelo para actividades agropecuarias y ganaderas, y de manera particular la plantación de agave tequilero son de las causas principales. ¿Cuál es el costo ambiental que pagamos por proveer y también emborrachar, enviciar, al resto del mundo con Tequila? ¿Puede alguien, las empresas tequileras o el Consejo Regulador del Tequila decirnos cuántos ecosistemas naturales se han perdido, y en cuánto se ha contribuido al cambio climático? ¿Qué van a hacer en consecuencia? ¿Sembrar más agave ahora que el precio vuelve a subir?

CONCLUSIÓN: Bien haríamos en aplicar realmente la famosa frase “nada con exceso, todo con medida”, donde la medida sea la capacidad de carga de los ecosistemas.

Referencias.

Hardin, G. 1968. The Tragedy of the Commons. Science. New Series, 162 (3859):1243-1248.

Cafaro, P.J. 2005. Gluttony, arrogance, greed and apathy: an exploration of environmental vice. Chapter 9. En Sandler, R. y Cafaro, P.J. Environmental Virtue Ethics. Rowman and Littlefield Publishers, EE.UU.

Arturo Balderas Torres es investigador postdoctoral del Centro de Investigaciones en Geografía Ambiental de la UNAM. http://arbalto.blogspot.mx/