Perfil Mexiquense

Otra vez Tamaulipas

Hace algunos años señalé que no existe gobernador mexicano capaz de demostrar que es suficiente para devolver la seguridad y la tranquilidad a la entidad que gobierna. En aquella época, varios mandatarios habían aconsejado a los empresarios que se quejaban de las amenazas del crimen organizado, que mejor entregaran lo que les exigían, pues reconocían que ellos no podían con el paquete.

Fidel Herrera Beltrán, entonces mandatario de Veracruz y señalado de haber permitido la entrada de los Zetas a terreno jarocho, fue el primero en reconocer que estaba imposibilitado para devolver la paz y aconsejaba a los amenazados pagar lo que les exigían. Después del señalamiento en su contra, suena obvio que se postrara ante la superioridad del enemigo.

Pero al anterior siguieron los gobernadores de Aguascalientes y Durango, quienes también aceptaron que no podían defender a sus paisanos adinerados, amenazados por los criminales. Casualmente, nadie tuvo la ocurrencia de pedir ayuda.

Las acometidas de los delincuentes, más violentas y exigentes cada día demostraron la terrible ineptitud. El gobierno federal tuvo que enviar a Michoacán a un sustituto del gobernador con el nombre de Comisionado para la Seguridad y el Desarrollo Integral, porque ya no era posible soportar la arbitrariedad llevada hasta sus más recónditos extremos. Los malosos pretendieron erigirse en auténticos dueños de vidas y haciendas de ese territorio y la situación sólo podía terminarse con el envío de tropas.

En el Estado de México, el gobernador reconoció su impotencia para defender a sus gobernados, a pesar de que escasos meses atrás había asegurado que en su entidad no había nada qué temer debido a que estaba preparada para rechazar el efecto cucaracha a causa de lo que ocurría en Michoacán.

Ahora, en Tamaulipas vuelve a asomarse la violencia que no conoce linderos, como se estila en ese estado fronterizo, en donde los malosos descubrieron que los migrantes, por poco que lleven encima, sirven para mantener a sus organizaciones y ya se anuncia una estrategia para rescatar a los tamaulipecos del terror, debido a que don Egidio Torre Cantú, su gobernador –sobra decirlo—no puede con el problema.

En ocasión anterior, un servidor preguntaba ¿qué hará el gobierno si ocurre igual en dos o más estados al mismo tiempo? ¿De dónde tomará personal para defender a los moradores de varias entidades en conflicto y para devolverles la seguridad? Es obvio que los elementos del Ejército y la Armada de México serían insuficientes y los gobiernos estatales no podrían cooperar con nada. Los gobernadores están para menesteres más redituables, que los mexicanos estamos sobrados de conocer.