Perfil Mexiquense

La promesa de Navarrete

Inmediatamente después de conocerse la tragedia que envolvió para siempre a Iguala, con el asesinato de estudiantes a manos de policías y sicarios pertenecientes a un grupo de criminales obedientes a José Luis Abarca, un edil de mente trastocada, cuyo futuro parecía prometedor en las lides políticas y que truncó de tajo gracias a su demencia ávida de sangre para escarmentar a jóvenes escandalosos, pero inermes, la voz del recién estrenado presidente del partido que lo postuló y llevó a la alcaldía, Carlos Navarrete, sonó confusa cuando prometía que casos como ese no volverían a ocurrir.

Se refería a que su partido, el PRD, tendría más cuidado en lo sucesivo, a la hora de abanderar a cualquiera. La promesa conllevaba la seguridad de estudiar escrupulosamente a quien desee ser candidato a algún puesto de elección popular, para evitar que otra persona parecida al aún alcalde con licencia vuelva a competir bajo el amparo de su partido.

La promesa sonó confusa por lo tardía. El munícipe en fuga había dado un paso tan negativo, que puso a todo un país frente a las críticas más ácidas de gran parte del planeta, que se han levantado para hacer varias exigencias que por alguna razón se habían postergado y que van desde esclarecer los hechos de Iguala, hasta rendir cuentas de las desapariciones forzadas, que han permanecido impunes por la sencilla razón de que la autoridad competente ya no investiga, como no investiga ningún crimen realizado por las hordas de salvajes que militan en grupos como el que cobija a José Luis Abarca.

Tardía porque desde hace muchos años, el PRD estaba obligado, como lo están todos los partidos, a investigar con microscopio a los que bajo sus siglas aspiran a un cargo. En realidad, en lugar de prometer que ya no volverá a ocurrir lo mismo, debería hacer investigar, desde este momento, a todos los alcaldes militantes en ese organismo político que lograron ganar una elección gracias a que de la noche a la mañana tuvieron la ocurrencia de hacerse perredistas y además lograron sin ningún esfuerzo la admisión y la candidatura. Seguramente se llevará una sorpresa que no espera, porque su promesa se refiere al futuro.

Debería fijarse en aquellos dizque políticos que desde hace mucho se han dedicado a repartir dinero a manos llenas porque les sobra; a hacer regalos y favores a la población que vota, porque su deseo es suceder en la alcaldía, en la próxima elección, al compinche que logró su propósito con la misma estrategia. ¿Para qué prometer a futuro, si puede comenzar desde ahora? En los lugares donde esto pasa, los habitantes comentan a diestro y siniestro porque ya saben, desde hace mucho, quien ganará en los próximos comicios.