Perfil Mexiquense

El problema es Guerrero

Muchos estamos de acuerdo en que, para recobrar en gran parte la confianza perdida de los mexicanos, era necesario nombrar a un secretario de la Función Pública con una tarea muy extensa, que no se circunscribiera solo a realizar investigaciones para dilucidar el asunto de las casas en Polanco, en Malinalco o en Ixtapan de la Sal, sino con poderes para ir mucho más allá. Queríamos una verdadera luz que iluminara al fin nuestras infelices esperanzas.

Queríamos que la gente de Los Pinos aconsejara al Presidente, que el ex consejero del IFE, Virgilio Andrade, fuera investido de poderes extraordinarios para investigar y castigar a políticos como Carlos Romero Deschamps, Humberto Moreira, Fidel Herrera y muchos otros y que no solo se limitara a vigilar la actitud que asumen funcionarios de compras y vendedores de servicios, que son obligados a entregar el 10 por ciento de la facturación.

Tal vez desde afuera se antoja fácil, pero si el caso de Iguala fue el detonante para que se produjera la pérdida de credibilidad, igual en México que en el extranjero, pues para recobrarla hubiera sido necesario y hasta obligado regresar al origen, a tratar de acomodar las cosas de tal forma, que nos devolvieran la fe en nuestros mandatarios, quienes al fin hacen lo que todos esperamos para corregir el rumbo en este mar de desaliento.

Los ojos de los mexicanos y de otros países continúan fijos en el estado de Guerrero, en donde, a juicio de todos, aún quedan muchos pendientes; tantos, que amenazan con impedir las elecciones en junio próximo, porque muchos cabos continúan sin atar. Allí es donde radica el verdadero problema, que impide a los ciudadanos mostrar confianza en los gobernantes.

Es más, no era siquiera necesario nombrar a un secretario de la Función Pública. Bastaba con instruir al Procurador Murillo Karam, para investigar a fondo e imponer castigo merecido a políticos cómplices del asesinato de seis personas, desaparición de 43 normalistas y de la comisión de otros delitos, antes y después del 26 y 27 de septiembre, que por cierto, hoy exhiben y presumen su total y absoluta impunidad.

Si se busca recuperar la confianza, entonces es necesario aplicar la ley sin miramientos, en aras de hacer justicia a los afectados y a todo el pueblo de México. Los mexicanos quisieran ver por primera vez en su vida, que es posible despojarse de amistades y compadrazgos, en pos de castigar a quienes tanto daño causan, no solo a los desposeídos, sino también a quien gobierna. Dice un político que el presidente Peña no tiene por qué cargar con una cruz que le fue impuesta desde el estado de Guerrero. Que necesita descargarla y montarla en los hombros de quien se la impuso.