Perfil Mexiquense

Todos podemos


Parece que en México no existe político que tenga el valor suficiente de aceptar que no está en condiciones de operar un cargo público, porque su capacidad no lo permite. Todos pueden, aunque en la práctica queden expuestos al ridículo. Pero tienen otra virtud: son demasiado cínicos para admitir que son incapaces y que han hecho el ridículo. Por regla general se justifican con las argucias más insensatas.

Si Rogelio Ortega, gobernador interino saliente del estado de Guerrero, hubiera sido honesto, desde un principio hubiera podido decir que no aceptaba el cargo porque estaba por encima de su capacidad. No obstante, aceptó y en lugar de gobernar se dedicó a fabricar dinero para él y a permitir que sus invitados a la fiesta hicieran exactamente lo mismo.

Entre otras cosas, se dedicó también a proporcionar dinero a manos llenas a los líderes de la CETEG, a cuyos miembros se negó a descontarles días de salario no trabajados. Igualmente a otras organizaciones, a pesar de que en julio pasado pesaba tanto el fardo, que por poco lo tira. Dijo que, o declaraba en quiebra al gobierno que capitaneaba o adelantaban la toma de protesta del gobernador electo, Héctor Astudillo.

Hay que imaginar la capacidad de gobernante de este sujeto, que declaró que la inseguridad en el estado no estaba en su agenda; cuando, ancestralmente, Guerrero ha sido uno de los estados más conflictivos del país y cuando su interinato obedeció nada más y nada menos que a un acto incalificable de inseguridad, que puso no sólo a Guerrero, sino a todo el país en los ojos del mundo: el caso Iguala. Hoy por hoy, ese estado posee los primeros lugares en todo lo negativo que ser humano pueda imaginar.

Ojalá y no poder con un cargo se redujera a la mínima expresión y quedara sólo en el enojo o en el descontento de la ciudadanía. No es así. La incapacidad cuesta demasiado caro. Desgraciadamente, el pueblo solo sirve para poner, no para quitar y una vez que llevó a la cima a un incapaz, tiene que aguantarlo todo: saqueos, imposiciones, cinismos, pésimas decisiones, declaraciones torpes y muchas actitudes negativas más.

Por razones como las anteriores, México está como está y va para peor, de continuar la ciudadanía consintiendo a esa clase de gobernantes. Rogelio Ortega debe estar postrado ante Dios, loco de agradecimiento, porque acabó su calvarioy porque ese calvario le dejó para vivir cómodamente el resto de su vida, de acuerdo con lo que sostienen muchos guerrerenses.

Pero no es el único. En todo el territorio nacional abundan los incapaces que ostentan cargos, sin siquiera saber qué hacer a ciencia cierta y que hacen lo fácil. Ya sabemos qué es lo fácil. Un día dijo uno de tantos: "nomás ponme donde hay...".