Perfil Mexiquense

Dos de octubre y maestros

Pretextos sobran a los maestros o a quienes se dicen maestros, para manifestar su vandalismo ya cotidiano en la capital de la República, o para cometer los actos más incalificables en contra de las autoridades y hasta de la ciudadanía pacífica que tiene la desgracia de pasar rumbo a sus lugares de destino, por las vías en donde cometen sus desmanes.

Para variar, el día de ayer diversas organizaciones realizaron marchas que partieron de diferentes puntos de la ciudad, para conmemorar o recordar el Dos de Octubre, o fecha en que hace 45 años, estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de México y del Instituto Politécnico Nacional se reunieron en la Plaza de Las Tres Culturas para protestar por diversos acontecimientos.

A muy grandes rasgos, desde meses antes había comenzado a madurar el movimiento, que culminó con la matanza de estudiantes en Tlatelolco.

Hubo desde encuentros de futbol americano entre UNAM y Politécnico; inconformidad por el asalto al Cuartel Moncada y actos de solidaridad con la Revolución Cubana, hasta protestas callejeras por la intervención de granaderos en la Escuela Vocacional Cinco y peticiones de disolución de ese cuerpo y destitución de los jefes policíacos.

En aquella ocasión, Luis Echeverría Álvarez, entonces secretario de Gobernación, fue el encargado de ejecutar la orden del Presidente Gustavo Díaz Ordaz de disolver a los manifestantes reunidos en diferentes puntos de la ciudad, como la explanada de la Rectoría de la UNAM, El Zócalo, La Ciudadela, el Hemiciclo a Juárez y la Plaza de las Tres Culturas, porque el movimiento amenazaba con afectar las Olimpiadas.

Hace algunos años, el Congreso mexicano formó una comisión para investigar la matanza. El ex presidente Echeverría fue entrevistado y lloró con la disculpa de que él no tuvo qué ver; mientras que Díaz Ordaz, recién llegado a México después de ocupar un cargo diplomático en España, pidió que no buscaran culpables. “El único responsable soy yo”, tronó en una breve lección de hombría.

Hoy es diferente. Los maestros actúan a placer y agreden a todos los que están cerca, máxime si tienen uniforme. Aprovecharon el día para mezclarse con otros manifestantes y se dice que buscan que la autoridad mate a alguno, cuando ellos sí son capaces de matar y permanecer impunes. Parece ser la consigna de quien manda.

Hoy, un granadero golpeado anteayer se debate entre la vida y la muerte en un hospital. Si fallece no ocurrirá nada. Los educadores mandan en la capital y en todas partes y si se les pasa la mano, seguramente argumentarán que sólo se defendieron de la policía represora.

Ciertamente serán capaces de volver a exigir la desaparición de ese cuerpo y la destitución de su jefe.