Perfil Mexiquense

Nuestros males

Nunca como ahora, los males que aquejan a México se han multiplicado hasta llamar la atención de muchos países del mundo, que ven con asombro, con lástima y hasta con temor a quienes lo habitamos. José Mujica, ex presidente de Uruguay lo señaló en funciones de mandatario, como un Estado Fallido, aunque después rectificó ante las protestas de nuestras autoridades diplomáticas.

En algunos países europeos, los mandatarios recomiendan no viajar a México, porque está lleno de criminales que no se tientan el corazón para asesinar y que quien decida al revés, lo haga bajo su propio riesgo. Estamos pues, muy mal cotizados en el exterior, pero también en el interior. Nuestros paisanos tienen miedo todo el tiempo, debido a que no hay autoridad que ponga orden. Hacer viajes a otras ciudades es igualmente bajo riesgo propio.

Mujica alertó a sus compatriotas de lo que podía ocurrirles si no tomaban ejemplo de México. Les dijo que las noticias sobre las derivaciones del narcotráfico en "Guatemala, Honduras y ahora México, nos gritan una lección de dolor que bien puede mostrar nuestros propios peligros futuros". Con palabras más cercanas, que pusieran sus barbas a remojar para evitar algo parecido.

Muchos coinciden en que los males han sido engendrados por la corrupción y la impunidad y más aún: son crónicos. Datan de toda la historia y se han agudizado. Los políticos bribones que se enriquecen a costa del puesto, han existido siempre. Ahora son más filosos y cínicos. Presumen lo que se llevan y aún se exhiben como si fueran héroes.

La violencia y la miseria son de tiempo inmemorial, compañeros inseparables del mexicano. Pero ahora a la vista del mundo, como si aspiráramos a ganar el primer lugar entre los países más violentos. Los últimos, los miserables, contrastantes con los políticos que han dado en amasar fortunas inmensas para aparecer ante los pobres como dioses intocables.

A nuestros males se han agregados novedades, como las fosas clandestinas, descuartizamientos, secuestros, asesinatos de periodistas, feminicidios en los que compiten los estados, ordeña de ductos transportadores de gasolina y una impunidad nunca vista. Todos tienen perdón. Los mexicanos dudan de que quienes han parado en la cárcel, estén adentro por mucho tiempo.

No tienen más consuelo que ir a las redes sociales y desde ahí protestar cada quien a su manera, de toda la descomposición creciente. No hay más.