Perfil Mexiquense

Que hagan su trabajo

Después de los trágicos y vergonzosos acontecimientos de Iguala, los mexicanos aspiramos a que ocurran dos cosas: que sean encontrados con vida los 43 estudiantes secuestrados y que el gobierno se ponga de inmediato a hacer su trabajo en cuanto a buscar la mejor forma de acabar con la delincuencia organizada y a brindar seguridad a la ciudadanía, perdida un buen día sin esperanzas de recuperarla.

Antes de 2012, se comentaba en círculos políticos que una vez que iniciara el nuevo sexenio, el tema de la inseguridad en México sería tratado mediáticamente. Escuché decir con insistencia, que los medios serían cooptados por el nuevo gobierno, para dar la impresión de que, con su sola llegada, los delincuentes decidirían dejar de actuar o de que, con poco esfuerzo, se lograrían resultados sorprendentes.

A escasos tres meses de iniciar, el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, comenzó a decir al pueblo de México que los índices de inseguridad habían bajado, sin que existiera siquiera un operativo para combatirla. Los meses siguientes hizo lo mismo. De manera que si así seguían las cosas acabaríamos el año con un clima de paz nunca antes visto en la historia del país.

Sin embargo, olvidaron que la gente es altamente perceptiva y, muy rápido, ya hablaba de ocultamiento de la verdad y de que los medios no decían lo que realmente sucedía por orden del gobierno. Un vendedor de muebles me comentó que había abandonado Ciudad Victoria para retornar al Distrito Federal, porque todos los días mataban por el hecho de que la víctima escogida llevaba consigo sólo 100 o 200 pesos. Los mataban por pobres y nadie, absolutamente nadie, investigaba. Lo mismo ocurre en todo el territorio nacional.

México se convirtió en una olla a presión que un día forzosamente iba a explotar y que encontró la parte más inflada en Iguala, con un costo de pérdida de vidas humanas, de heridos y de secuestrados cuyo paradero no se conoce, a un mes de los acontecimientos que resonaron en todo el territorio e, inclusive, allende nuestros mares.

Por eso la gente tiene grandes esperanzas de que la mirada atenta de otros países del mundo obligue a las autoridades mexicanas a ver el problema con absoluta responsabilidad y a actuar, desde ahora, en contra de tantos rincones en manos de los criminales, que se atreven a dictar órdenes desde las alcaldías compradas con dinero sucio. Inclusive, muchos de estos ya se preparan para lanzar sus candidaturas a diputaciones locales y federales.

El futuro es hoy. Por eso no se vale que todos los actores políticos digan que estarán atentos para que no haya otro Iguala. Si eso es lo que de veras quieren, que comiencen a investigar ya. Mañana será tarde.