Perfil Mexiquense

Por fin contra la CNTE

Qué sigue después de la desaparición del Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca, golpe tan certero como efectivo y ansiado por la población mexicana? Todo indica que meter en cintura a los maestros disidentes, pertenecientes a la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, para quienes es más importante defender sus prebendas que permitir avances en la materia.

Ese sería el primer paso, pero también someter a una intensa auditoría al desaparecido organismo y a una investigación exhaustiva a muchos líderes, que a lo largo de los años solo han atinado a entorpecer la vida de los mexicanos, con actos reprobables e ilícitos, que van desde las pintas y saqueos a comercios, hasta la quema de vehículos y puertas de instituciones públicas.

El Instituto era el organismo encargado del manejo de los programas educativos, las escuelas, los nombramientos de directores y supervisores; la autorización de ascensos de personal, préstamos, becas y otros estímulos a empleados de confianza y mandos medios superiores. La CNTE controlaba 92 por ciento de dicha estructura; administraba plazas y la nómina que hasta 2014 era de casi 19 mil millones de pesos.

La decisión del gobierno federal tiene la firme intención de poner en marcha la reforma educativa aprobada por el Congreso de la Unión y rescatar del atraso a miles y miles de niños y jóvenes que, gracias a la resistencia de un grupo de maestros que sólo desean proteger sus propios intereses, ha mantenido el rendimiento educativo de México, en el quincuagésimo tercer lugar, de 65 países evaluados.

Por esa razón, los maestros inconformes anunciaron que harán lo que saben: no dedicarse a educar, sino a realizar más actos de vandalismo, en protesta por lo que han conquistado con mucho esfuerzo a lo largo de 35 años de lucha, según lo dicho por el líder magisterial Rubén Núñez Ginés, quien tiene un sueldo de 40 mil pesos mensuales, no por enseñar, sino por dedicarse a hacer política, también reconocido por él mismo.

¿Cuáles son esas conquistas? Manejar el escalafón a discreción, los recursos para realizar marchas, mítines y plantones, no evaluarse para determinar su condición de enseñantes, heredar y hasta vender las plazas a familiares y a quienes estuvieran dispuestos a comprar, aunque no contaran con ninguna capacidad para la docencia, entre muchas más.

Dichos maestros han contribuido de manera reiterada, persistente, vergonzosa y hasta delictiva, con el atraso del pueblo mexicano en materia educativa, seguramente satisfechos con demostrar que somos felices, inmersos en el tercermundismo.