Perfil Mexiquense

Que escapó el alcalde

Apenas ayer, el presidente municipal de Iguala, Guerrero, José Luis Abarca, declaraba que en la historia de esa población, cuna de la bandera nacional, no había existido otro mandatario mejor que él. Así se lo comentaba a sus gobernados. Seguramente desde mucho antes se imbuyó de ese sentimiento que le permitió creer que era algo así como enviado de Dios o hermano menor del mismo Creador, como muchos políticos creen.

Sus argucias, seguramente meditadas con tiempo, de que estaba en un baile cuando sus esbirros arremetían contra estudiantes y contra jóvenes deportistas, en un acto de abuso de autoridad extremo; o de que se encontraba dormido cuando le llamaron de las oficinas de la Secretaría de Gobierno, no convencieron ni a sus familiares cercanos. A todo mundo le resultó difícil creer que el dueño en turno de Iguala no fuera informado de lo que hacía la policía, que dependía de él.

En otro acto de suprema soberbia, había dicho que no renunciaría a la alcaldía. Más tarde aceptó solicitar una licencia para facilitar la investigación de los hechos en los que hubo muertos, heridos y desaparecidos. Pero cuando se iba supuestamente a su casa, desapareció. Aparentemente lo esperaban dos bandos de policías: unos de la PGR para detenerlo y otro de incondicionales para ayudarlo a escapar.

Ahora hay versiones de que está desaparecido y de que está detenido. La última corresponde al diputado Rubén Figueroa Smutny, quien en su cuenta de Facebook aseveró que se encuentra bajo resguardo de la PGR, aunque no había sido posible corroborar esta versión.

Cuando el señor José Luis Abarca estuvo en campaña para alcalde de Iguala, corría fuerte el rumor de que estaba coludido con el crimen organizado. Como siempre, hubo sordera entre las autoridades perredistas guerrerenses que decidieron encaramarlo a toda costa en la pelea y hacerlo candidato. Los actos del viernes y sábado pasados lo delatan en una inmensa medida y de ser cierto que se escapó o que lo tiene la PGR, también.

Recuerda el caso de Julio César Godoy Toscano, señalado de tener nexos con el crimen organizado y a pesar de todo llevado a la Cámara de Diputados a tomar posesión como legislador, un año después de esconderse, sólo para volver a escapar, debido a la insistencia de la PGR de capturarlo para hacerle pagar sus culpas.

Lo que resulta inexplicable en Iguala, es la actitud de la policía, que arremetió con una violencia inusitada como innecesaria, contra estudiantes y deportistas a todas luces inermes. Quien dio la orden, necesariamente debía estar deseoso de asesinar para escarmentar y poner el ejemplo de cómo se gobierna en su territorio.