Perfil Mexiquense

El comediante

Cuando inició su campaña para convencer a los norteamericanos de que es la mejor opción para la Presidencia de Estados Unidos, Donald Trump pareció a muchos no un político que tenía formales aspiraciones políticas, sino un comediante o un payaso que ocupaba las tribunas para hacer reír, para divertir a sus oyentes. Nadie lo tomaba en cuenta como un precandidato que buscaba con seriedad la candidatura del Partido Republicano.

Cuando comenzó a hablar mal de los latinos y principalmente de los mexicanos y de México, "que manda a Estados Unidos a la peor gente, a violadores, a asesinos y a narcotraficantes" y que si llegaba al poder haría levantar un muro a lo largo de toda la frontera, cuyo costo haría pagar a las autoridades de nuestro país, hubo una repulsa generalizada a sus discursos xenofóbicos, pero tanto en la Unión Americana como aquí, se le veía aún como un hablador.

El llamado súper martes impuso su candidatura en un gran número de estados y a partir de entonces, sus seguidores comenzaron a exhibirse como tales. Obviamente, se trata de norteamericanos duros, que quieren desplazar a los latinos de su territorio o que presumen conductas hostiles hacia los migrantes. Algunos se suman a los desplantes del magnate; otros se dicen parte de grupos de ku-klux-klanes y otros señalan con admiración, que el empresario es nazi.

Mientras, el número de latinos que lo repudian crece y lo señalan como un peligro para el mismo país del norte. Algunos dicen que si llegara a gobernarlo, seguramente habría hasta terrorismo para los latinoamericanos que pueblan diversos estados y obviamente, deportaciones masivas. El mismo Trump ha dicho que repatriaría a 11 millones de compatriotas.

Le costó cinco años pasar de bufón a serio aspirante a la Casa Blanca y ahora, sus seguidores lo vitorean hasta el éxtasis, mientras los enemigos lo ven como un verdadero peligro, no para el país que pretende gobernar, sino para aquellos a quienes el candidato ha señalado que detesta. Mientras, incomoda ya no solo a los habitantes de este continente, sino inclusive a los de varios países europeos, debido a que sus prédicas no son precisamente las de un hombre educado o diplomático. Incomodan su forma de hablar y sus insultos constantes.

Pero existe un gran alivio. Para la CNN y para otras instancias que han elaborado encuestas, el hotelero no ganaría las elecciones de noviembre. Estas serían conquistadas por Hilary Clinton, de pergeño diferente, consciente, generosa y con otras virtudes que nuestros paisanos de América admiran y aplauden. Hay experiencias que han vivido muchos políticos nuestros, quienes han acudido a ella en busca de favores y siempre la han encontrado dispuesta a tender la mano.