Perfil Mexiquense

¿Van en serio?

La pregunta que surgió hace días, desde que el gobierno envió soldados a la tierra caliente de Michoacán, aún está en el aire entre políticos, politólogos, sacerdotes, columnistas de diferentes medios informativos y ciudadanía: "¿van en serio contra los criminales que operan en esa entidad?" Y el comentario que sigue es: "porque si allá no hay resultados positivos, entonces tendremos que resignarnos a vivir siempre atemorizados".

Y es que desde hace muchos años nos han enseñado a desconfiar de las acciones que emprenden los que gobiernan, porque detrás de ellas, por regla general vienen las mentiras, las componendas, los arreglos debajo de la mesa y el trato de retrasados mentales a los mexicanos, porque quienes han dirigido este país han pensado siempre que cualquier argumento es bueno para mantenernos con la boca abierta y con el cerebro cerrado.

No hay tal. Todos queremos ver resultados, no sólo saber que enviaron a muchos soldados y policías a un lugar infestado de delincuentes que asesinan por el mero gusto de asesinar; que cobran a la gente hasta por respirar su aire, porque hasta el aire ya tiene dueño y que cometen todas las atrocidades que hacen bailar de gusto al diablo, en aras de conseguir dinero para mantener sus carísimas empresas.

Todos estos días, la Prensa ha brindado sus espacios al compromiso contraído por el gobierno federal, de devolver la tranquilidad a un estado cuyos habitantes quieren trabajar y vivir en paz, como Dios manda, con la esperanza de que si en Michoacán se logra el propósito buscado, el operativo podría llevarse con éxito a otros estados que viven en situación parecida. Pero si falla, entonces ya no habrá más esperanzas.

La gente quiere saber que los soldados o los policías ya atraparon a Servando Gómez (La Tuta); a Dionisio Loya Plancarte, a Ignacio Rentería Andrade, a Enrique Plancarte Solís, a Sámer José Servín Juárez. A todos esos líderes del mal y a muchos otros perversos dedicados ahora a incendiar negociaciones y a matar, a secuestrar, a robar, a cobrar piso para ganarse un salario que no llega a ocho mil pesos al mes. Quiere saber que la organización dejó de existir y que no hay visos de que los que quedan volverán a agruparse y formarán otra parecida.

Quiere saber que ya se puede transitar sin angustia, sin zozobra, por Michoacán y luego por Guerrero, por Jalisco y por todas esas entidades que se han vuelto infranqueables, porque ahora es pecado manejar un automóvil o llevar consigo algún dinero, por poco que sea. Quiere saber que los habitantes de este país se civilizan, al grado de rechazar cualquier tipo de violencia. Quiere saber, en suma, que tiene un gobierno confiable que vela realmente por sus gobernados.