Perfil Mexiquense

Salarios de hambre

Durante los últimos días, el doctor Miguel Ángel Mancera, jefe del gobierno capitalino, ha recibido el título de populista y electorero, por el hecho de dar a conocer su idea de incrementar los salarios mínimos en el país, que se han reducido de manera espectacular y de los que nuestros flamantes e iluminados políticos no se ocupan, simplemente porque mientras ellos estén bien, el problema no tiene que estar entre sus prioridades.

Quienes así han calificado al funcionario, no han pensado en que, si es cierto que la intención primaria fue llamar la atención de la ciudadanía que vota, lo es también que rebasa con mucho ese propósito, porque los salarios actuales ya no soportan las dificultades a que ha sido sometida la supervivencia, por el encarecimiento constante de la vida.

Para muchos resulta ridícula, fuera de toda lógica y absurda, la idea de Gustavo Madero, dirigente del PAN, de someter a consulta popular el año entrante, la propuesta del doctor Mancera. Parece algo así como someter a consulta de los mexicanos si es cierto que en México hay hambre. La realidad es que ya no es posible esperar que los salarios sean elevados a rangos competitivos con la propia demanda del encarecimiento de la vida.

Estudios serios dicen que los salarios se han desgastado más de 70 por ciento en 30 años y que México está entre los últimos del mundo en ese rubro. Entonces, existe realmente un problema que exige a las autoridades tomar debida nota y realizar un análisis profundo, que conlleve diversos agentes que tienen que ver con el incremento o no.

Por ejemplo, algunos estudiosos opinan que antes de un aumento al salario, debe promoverse la inversión y generar mayor productividad. Plantean que no puede pedirse a los empleadores formales que paguen mayores sueldos, mientras los empresarios del comercio informal tienen la libertad de pagar lo que se les antoja y de beneficiarse de bienes públicos, como calles y aceras para sus negocios. También proponen una reforma fiscal, que recorte tasas y elimine tratos especiales y preferenciales.

Otros aseguran que las reformas estructurales, ni generan empleo ni elevan el nivel de vida. La laboral, por ejemplo, provocó más subcontratación. La UNAM dice que en los primeros cuatro meses del presente año, las ventas al mayoreo cayeron; el desempleo creció 5.14 por ciento y la subocupación afecta a tres de cada 10 mexicanos.

El problema es complejo. Exige seriedad y compromiso, lejos de los aspavientos políticos, partidistas y personales, que no hacen más que retardar lo que se antoja necesario y urgente, sea Mancera o cualquiera otro servidor público el autor de tal propuesta.