Perfil Mexiquense

Políticos cínicos

Indudablemente, los mexicanos tienen toda la razón al repudiar a la llamada clase política, que se desnuda cada día desde que ha sido posible el uso de las redes sociales. Ellos mismos, con la inmensa ayuda de sus familiares, se han encargado de decir a la gente que tienen tanto porque lo han sustraído de manera ilegal o mañosamente.

Pero a las exhibiciones de dinero que hacen ellos y sus hijos, principalmente, hay que sumar la pobreza de imaginación, preparación, ingenio o como quieran llamarle, ahora que hay efervescencia por ocupar algún puesto de elección popular y que se han desatado las campañas que cada día interesan a menos compatriotas, porque han comenzado a cobrar conciencia de que llevar a alguien a un cargo, es cooperar o hacerse cómplice para que se haga multimillonario en un dos por tres.

La gente ya avizora que esta clase de mexicanos no produce absolutamente nada. No es como el empresario que se esfuerza todos los días por elaborar un producto y luego tiene que ofrecerlo en los lugares en donde puede venderse, después de librar una férrea batalla con sus competidores, en cuanto a calidad y precio, que no es fácil ganar, por más argumentos que se exponen, que tienen que ver con el absoluto conocimiento del artículo en cuestión.

Los políticos no producen absolutamente nada y, sin embargo, tienen la oportunidad de hacerse de cantidades de dinero inimaginables. Cuando se les conoce de cerca, nos espantamos de la forma en que son capaces de dilapidar el dinero. No reparan en si algo que desean es caro, puesto que para muchos es más importante presumir que pueden adquirir lo que sea al precio que sea, que guardar las formas por gastar desmedidamente delante de los demás.

Pero ahora, en campaña, hemos sido testigos de que la cabeza no les da para mucho. Los que se comportan como si el pueblo fuera retrasado mental, exhiben exactamente que ellos lo son efectivamente. Todos, parece que sin excepción, están enfrascados en una lucha de denuestos, descalificaciones de la más terrible bajeza contra el enemigo, a quien desean hacer pedazos con palabras soeces, tanto en los medios tradicionales como en las redes sociales.

Se inventan deficiencias y culpas del enemigo. Se dice sin rodeos que el otro es narcotraficante, al fin y al cabo que ahora, la Ley de Imprenta se presta para eso, ya que el delito de difamación fue borrado del código.

No existe la mínima capacidad para exponer propuestas de interés para los votantes y de interesar por medio de ellas para que les obsequien el sufragio. Se han entregado a hablar de corrupción de los otros, como si estuvieran limpios. Se ha caído pues, en el absoluto cinismo. Lo que indica que vamos de mal en peor.