Perfil Mexiquense

Paliativos en Michoacán

Parece que el único remedio de que dispone el gobierno federal para aminorar los embates del crimen organizado, consiste en enviar a muchos elementos del Ejército y de la Marina a los lugares más afectados, como ocurre ahora en Michoacán, envuelto en una nube de violencia debido a que las llamadas autodefensas decidieron enfrentar a los narcotraficantes.

Y en realidad, se trata de un remedio que surte efecto inmediato, pero con la desventaja de que esa efectividad, desgraciadamente cesa y deja otra vez esos lugares a merced de los criminales, una vez que el gobierno requiere a los soldados para realizar otra tarea diferente o para enviarlos a diversas zonas de conflicto, que hoy sobran en el territorio nacional.

Los uniformados hacen acto de presencia y con sólo eso, la calma vuelve a los lugares, sin necesidad de buscar a nadie; sin disparar un tiro; sin rastrear a los malosos que merodean en todas las ciudades en donde los comerciantes, principalmente, entregan el tributo semanal para no ser molestados durante los siete días siguientes.

Lo anterior, a pesar de que los cabecillas son perfectamente conocidos, como son conocidas sus madrigueras, en donde suelen dizque esconderse cuando así lo deciden. Ante la pregunta: "¿en dónde te desempeñas ahora? Un amigo contestó: "soy maestro en tal población. Cerca de una de las casas de la Tuta". Se refería a Servando Gómez Martínez, dirigente del grupo denominado Los Caballeros Templarios, a quien además, con mucha frecuencia se le puede ver en videos que sube a las redes sociales.

Pero los soldados no saben nada. No tienen la menor idea de los lugares que frecuenta ni de la ubicación de las casas de su propiedad. Fueron enviados a Michoacán. A ciudades como Apatzingan y Nueva Italia, para que el secretario de Gobernación diga dentro de poco que ya se logró restaurar la paz en esas poblaciones.

No existe pues una estrategia militar significativa que tenga el propósito de sepultar las acometidas de los criminales, sino sólo operativos, o más bien paliativos para devolver un poco de calma a los habitantes de las zonas contaminadas. Estos mismos saben que una vez que los uniformados se vayan, volverán a las mismas y quizá con embestidas más violentas, porque sus verdugos necesitarán reponerse por todo lo perdido a causa de las medidas.

Hoy se trata sólo de una entidad federativa. Si la tendencia del gobierno es solucionar de esta manera el problema del narcotráfico, "¿qué será cuando quehacer semejante se requiera al mismo tiempo en dos o más estados del país? Pues entonces deberá multiplicar el número de soldados a la brevedad, para evitar sorpresas más desagradables.

Aunque dicen por ahí: "cuando menos, algo se hace".