Perfil Mexiquense

Opinan los cubanos

Tuve oportunidad de estar en Cuba en diciembre pasado y de hacer a muchos cubanos la pregunta obligada: "¿qué opinas de la reanudación de relaciones con Estados Unidos...? Algunos parecieron algo temerosos al manifestar que sería dañino, puesto que años atrás, cuando Fulgencio Batista gobernó la isla, el país vecino la había convertido en un auténtico basurero y en el lupanar más grande del mundo, exclusivo de los gringos.

Otros dijeron con aplomo -el caso de una historiadora-, que no era conveniente. Que los gringos solo se aprovechaban de los lugares en donde se asentaban y que Cuba les había interesado históricamente, porque representa un punto de control estratégico, desde donde se puede dominar todo el continente, desde Las Tumbas, en una punta, hasta Maisí, en la otra.

Añadió que de permitir de nueva cuenta la entrada de los estadou-nidenses, no tardarían éstos en construir por todos lados hoteles de todas las categorías, restaurantes con servicio de buffets y comida poco nutritiva, de la que engorda rápidamente; casinos que conllevan el consumo de alcohol, drogas y prostitución en gran escala y todos los vicios contenidos en la Caja de Pandora. Que a su juicio, estaban bien así.

Desde luego -continuó-, menos tardarían en comenzar a construir bases militares para apuntar en todas direcciones de América, para ejercer dominio con bases reales, en el miedo al coloso del norte e inclusive en urdir la forma de dominar otras partes del mundo.

En La Habana Vieja, un grupo de jóvenes -con barba algunos-, gritaban a los turistas su inconformidad con el régimen castrista. Decían que tanto Fidel, como Raúl, mataban de hambre a 11 millones de cubanos. Tal vez saber que se acercaba el día en que los gringos serían aceptados de nueva cuenta los llenó de valor, porque otros coterráneos no daban crédito y comentaban: "¡que se entere Castro y no lo van a contar!" "¿Qué les harían?" "Seguro pararían en la cárcel".

Otro más opinó que no estaba mal que se reanudaran las relaciones, pues confiaba en que ese hecho podría traer a los habitantes de Cuba bienestar y progreso. Argumentaba que estaban muy pobres y que si habían alcanzado muchos logros, como en la medicina y en materia de alfabetización, bien podrían alcanzar otros que se reflejaran en la economía de todos los cubanos. Desde luego, el gobierno de su patria "está obligado a imponer restricciones a los estadounidenses, para evitar los abusos a que están acostumbrados".

Muchos tienen razón, pues mientras todo esto ocurre, Donald Trump, virtual candidato del Partido Republicano a la Presidencia de Estados Unidos, ofrece a los isleños construir un hotel de su propiedad. No para beneficio de ellos, sino del xenofóbico empresario.