Perfil Mexiquense

Niños Migrantes

El problema de migración de menores, de México y Centroamérica a Estados Unidos, inadvertido hasta hace poco tiempo, se ha convertido en un gran problema para los países de donde salen y para el país al que llegan. Hace apenas unos días se anunció que se ejercitarían medidas urgentes para evitar el éxodo, por el riesgo que corren al viajar solos a lugares desconocidos.

Las autoridades de El Salvador adelantaron ayer que pondrían en marcha una campaña para concientizar a los padres de que los niños podrían enfrentarse a serios peligros en su viaje a La Unión Americana, debido al acoso de que pueden ser objeto por parte de organizaciones dedicadas a cometer todo tipo de ilícitos con los migrantes, máxime si son menores de edad, porque esta situación los torna altamente vulnerables.

Pero las precauciones anunciadas en ese lugar, no parecen ser las mejores, ya que cualquier adulto, como deben ser los padres, tiene conciencia de los riesgos que se corren al ponerse en manos de delincuentes que se dedican a traficar con humanos o de la inseguridad que representa viajar, a cualquier edad, de un país a otro.

La fama adquirida por México, gracias a los delincuentes tamaulipecos ha transpuesto fronteras y en todos lados se conoce de lo altamente peligroso que resulta cruzar por ese estado del norte, en donde las mafias permanecen alertas para interceptar a los viajeros, con tal de obtener cualquier cantidad de dinero para mantener sus empresas delictivas.

Por otro lado, en poblaciones de Estados Unidos, también sus habitantes se han alarmado y se han puesto en guardia para rechazar a los que llegan, porque suponen –y así ocurre en muchos casos–, que entre los migrantes van pandilleros que desean cambiar de vida o simplemente de lugar en dónde cometer sus fechorías.

Existe clara conciencia de que niñas y niños que cruzan la frontera sin compañía de adultos pueden sufrir graves violaciones a su integridad física y a sus derechos humanos, desde asfixia, deshidratación y heridas, hasta ser enganchados a redes del crimen organizado, ser sometidos a explotación sexual o laboral y sufrir maltrato institucional en el momento de la repatriación, e inclusive perder la vida en el momento del tránsito.

Por lo tanto, las autoridades comprometidas con el problema tienen mucho qué hacer para poner remedio a esta situación que se ha tornado insistentemente más grave cada día. Se sabe que México y Estados Unidos ya se han puesto de acuerdo para ejercer el mejor plan y trabajar conjuntamente en bien de una niñez que no conoció la infancia debido a su situación de extrema precariedad. Nadie pudo imaginar antes –menos un niño–, que buscar mejores niveles de vida conllevaría el peligro de perderla.