Perfil Mexiquense

Nadie escarmienta…

A pesar de tantos y tantos ejemplos a través de la historia de la humanidad, a los seres humanos nos cuesta mucho escarmentar en las experiencias ajenas y somos dados a creer que lo que le pasó a un semejante, no ocurrirá en nosotros. Pensamos que nuestra inteligencia está por encima de las restantes del mundo y que ésta evitará que cometamos errores que otros cometieron. "A mí no me va a pasar", repetimos convencidos.

En este momento en que nadie cree en la seriedad de Virgilio Andrade, secretario de la Función Pública, la gente espera que el Presidente Enrique Peña Nieto instruya al anterior, ya sea en el sentido de exonerar a al titular de Conagua, o de fincarle responsabilidad por el uso de un helicóptero de la Comisión Nacional del Agua, para fines particulares, como ocurrió con Humberto Benítez Treviño, titular de la Profeco, por el escándalo protagonizado por su hija Andrea Benítez, en un restaurante del centro de la ciudad.

Las excusas que dio el director de Conagua, quien seguramente nunca imaginó que alguien filmaba el abordaje de él y de su familia con todo y maletas, resultaron infantiles. Dijo que está muy mal de su rodilla y cadera y que utilizaba el aparato para trasladarse a un hospital. ¿Para qué entonces las maletas y la compañía de los niños? Pero además, días antes había participado en una carrera en Chapultepec, en donde también fue captado por una cámara.

Pero asimismo de que nadie escarmienta en cabeza ajena, durante los últimos años se ha gestado también un cambio en la conducta de nuestros políticos, que consiste en afianzarse a los cargos que ostentan, como el perro buldog a la parte que muerden; cuando deberían actuar exactamente al revés, de existir conciencia de que su conducta contribuye a inferir mayor daño al amigo que le otorgó el puesto.

De haber plena conciencia de que participa en el deterioro de una imagen: la del gobierno del que forma parte, vista con ojos diferentes, con críticas negativas, tanto en nuestro país como en el extranjero, desde hace aproximadamente seis meses, debió haber planteado su renuncia inmediatamente. Del modo en que se comporta, solo refleja que para él es más importante conservar el cargo que infligir daño a su jefe.

Un piloto aficionado a la aeronáutica y a la fotografía vio el helicóptero y decidió tomarle algunas reproducciones. Cuando las amplificó supo que se trataba de una nave de Conagua y que sus ocupantes eran el titular de la institución y su familia.

Nada hay oculto. Un amigo que investiga para una empresa aseguradora, afirma que cuando acude a algún lugar a investigar, siempre, sin excepción, encuentra a una o varias personas que atestiguaron los hechos de manera puntual.