Perfil Mexiquense

Ley de reclusorios

Para muchos mexicanos, la Ley de Centros de Reclusión para el Distrito Federal no es más que un manojo de buenas intenciones. En un rápido sondeo, principalmente entre periodistas, los consultados, sin excepción, coincidieron en que la Asamblea Legislativa tenía que aprobarla por unanimidad, porque su contenido es indiscutiblemente positivo, pero sólo en el papel.

Las cárceles de la ciudad de México y en suma, todas las del país, están sometidas a prácticas ancestrales de corrupción que nadie jamás ha podido extirpar, por más intentos que se han hecho. Por el contrario, estas se han extendido de acuerdo con los tiempos.No es nuevo, pero la venta de estupefacientes en el interior ha prosperado a niveles incontrolables, por ejemplo.

Todo lo malo ha aumentado adentro. Hay internos que tienen verdaderas empresas dedicadas a la venta de enervantes, a las que le han sumado artículos como televisores y uno que tiene enorme demanda: la tarjeta para los teléfonos móviles. Tal es la desesperación por éstas, que muchos internos se dedican a llamar telefónicamente a otros receptores, con el cuento de que ganaron un sorteo, sólo para extorsionar.

Hay también quienes continúan con el liderazgo de pandillas dedicadas al secuestro, con ramificaciones bien organizadas en la calle, dedicados a este quehacer y a vender a la víctima a otras organizaciones una vez que ya ha sido exprimida. Desde luego, en cada especialidad del delito se cuenta siempre con la complicidad de los empleados encargados de vigilarlos.

La ley pretende, principalmente, acabar con la corrupción, con las violaciones históricas de los derechos humanos de los internos; con el hacinamiento y quiere coadyuvar con la recuperación de los detenidos para que se reinserten exitosamente en la vida cotidiana, una vez libres.

Todo mundo sabe que las cárceles mexicanas y definitivamente las de todo el mundo, son las mejores universidades del delito, en donde es relativamente fácil obtener títulos con maestrías y doctorados en tiempo récord. En una ocasión escuché decir que un hombre culto caído en desgracia abandonó una cárcel convertido en el mejor para abrir cualquier cerradura, para falsificar cualquier credencial y para hacer tatuajes a una velocidad inusual.

Nadie sabe cómo hará la autoridad para impedir a los custodios vender la tranquilidad y la comodidad, como los colchones para acostarse en las noches en espacios que ocupan hasta 20 reos y que deberían ser para unos seis. Nadie sabe cómo harán para impedir la petición de monedas desde que los visitantes intentan penetrar a visitar a sus familiares. ¿Y las botellas de licor en donde todo se festeja? ¿Construirán nuevas cárceles para evitar el hacinamiento?