Perfil Mexiquense

Iguala: ¿pudo evitarse?

Hoy se sabe que antes de los hechos de Iguala, en los que murieron seis estudiantes y 43 fueron desaparecidos, la noche de 26 y la madrugada del 27 de septiembre del año pasado, tres procuradurías habían tenido conocimiento de la relación de la llamada pareja imperial, conformada por José Luis Abarca, presidente municipal y su esposa María de los Ángeles Pineda, con el crimen organizado.

Se conoció que los hermanos de la señora, Alberto y Mario, habían operado al lado de Arturo Beltrán Leyva y cuando éste murió, durante un tiroteo en Cuernavaca, los guerrerenses huyeron y formaron su propia célula, denominada Guerreros Unidos y que continuaron con la siembra, transformación y trasiego de amapola.

Se sabe asimismo, que en julio de 2014, la Unidad Especializada en Investigación de Terrorismo, Acopio y Tráfico de Armas de la PGR informó sobre las averiguaciones previas donde estuvieron involucrados los hermanos Alberto, Mario y María de los Ángeles Pineda Villa.

Luego entonces, ya había información suficiente para actuar en contra de la pareja y, en todo caso, evitar la tragedia que ocurrió en septiembre. ¿Por qué pues, las autoridades no lo hicieron, cuando también había denuncia de que el alcalde Abarca era probable responsable del asesinato de Arturo Hernández Cardona, Ángel Román Ramírez y Félix Rafael Bandera Román, de la Unión Popular de Iguala?

Que si algunos políticos lo apoyaron, que si alguien recibió dinero a cambio de permitir su candidatura, resulta secundario y finalmente sin importancia. Me consta, porque estuve presente en un mitin en la ciudad de Iguala, que alguien le levantó la mano. Pero éste apoyaba en realidad a Óscar Díaz Bello, solo que el acuerdo era hacer notar que el "gallo" del PRD era Abarca.

Posteriormente, Óscar Díaz, igual que muchos guerrerenses y no guerrerenses con buen juicio, concibió, pero además declaró que para él, José Luis podía ser un chivo expiatorio y que posiblemente una mano más arriba había dado la orden de actuar como se actuó, en contra de los normalistas. El chivo expiatorio resultaba idóneo, pues ni él ni su esposa estaban libres de culpas, aunque de otra índole.

La misma tesis ha sido sostenida por infinidad de personas y por esa razón, la famosa verdad histórica dista de ser aceptada por las mentes pensantes –salvo la de los priistas– que por más que la defienden no escapan a la observación y al discernimiento, de que responden a una consigna.

Ya fueron detenidos muchos, relacionados con el caso, pero las preguntas sin respuesta abundan. Mientras tanto, en Guerrero las cosas siguen igual. Guerreros Unidos, Los Rojos, Los Ardillos y muchas agrupaciones más, continúan inmersos en su quehacer: traficar y matar.