Perfil Mexiquense

Cunde el mal ejemplo

Un nuevo estilo de manifestar la inconformidad se ha puesto de moda. Consiste en cubrir la cara e incendiar puertas de instituciones públicas y todos los automóviles que se encuentran al paso, mientras la autoridad consiente, como obnubilada, fascinada por los desmanes que se cometen.

A lo anterior hay que sumarle tirar piedras, palos y otros objetos contra ventanas y contra objetos frágiles, para imprimir al escenario un toque de dramatismo. Esto tiene la intención de hacer ver a la autoridad la disposición a llegar a linderos insospechados de ruindad y a hacer ver que nadie es capaz de detener esas acciones, con excepción de los tepiteños que, armados con todo, impidieron en ocasión anterior a los maestros de la CNTE plantarse en las inmediaciones del barrio.

Saben a quién demostrar su agresividad. Saben que los policías y los granaderos llevan órdenes de solo vigilarlos. Saben inclusive que pueden agredir a éstos con toda la fuerza de su rabia, porque no habrá respuesta. Saben que el que manda ya dijo que los dejen actuar como deseen, sin causarles molestias.

Todo esto ya formó émulos. En el estado de Guerrero, en donde más han exhibido tales conductas, un gobernador sustituto y complaciente ha dicho que se deje actuar de esa forma a los estudiantes de Ayotzinapa, de la Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación y de donde sean, porque así desfogan su coraje.

Estos arremeten contra inmuebles y contra automóviles cuya propiedad desconocen. Contra carreteras y contra grandes almacenes de donde sustraen lo que encuentran. Es decir: cometen todos los delitos que pueden y la autoridad no es capaz de recurrir a la ley, porque no se hizo para esta clase de gente.

Al amparo de tales conductas, Nelson Neri Benítez, subdirector de la Escuela de Bachilleres de San Jerónimo de Juárez, echado del plantel por indeseable, llegó la semana pasada con seis hermanos y tomó la escuela. Después viajó a Chilpancingo y pretendió incendiar la puerta de la Dirección del Colegio de Bachilleres. Acobardado, el director, Juan Salgado Tenorio, ordenó su inmediata restitución dizque porque eran órdenes superiores.

Este es el mismo ex alcalde de Acapulco, fulminado por Carlos Salinas de Gortari, cuando el huracán Paulina destrozó el puerto, mientras él se entregaba a los placeres de Baco en Las Vegas y el vuelo de regreso no pudo calmarle.

Ahora, en ese estado del sur, cualquier delincuente puede invitar a sus amigos, proveerse de palos, gasolina y cerillos, amenazar con incendiar algo y obtener lo que desea. Esa es la tónica en la que deriva un asunto dramático, triste y reprobable como el de Iguala, que aún no se resuelve y en el que personas como la anterior no ayudan.