Perfil Mexiquense

Contraloría tibia

Tienen razón algunos legisladores del PAN al criticar a la Contraloría del Distrito Federal por el veredicto, apenas emitido, de sancionar sólo a mandos medios y bajos por las fallas en la Línea 12 del Metro, cuando, después de tanta gritería, los mexicanos esperaban algo diferente, que culminara con un castigo ejemplar a los verdaderos responsables.

Sabemos que el hilo se revienta por lo más delgado, con el fin de dejar impunes a los causantes de los males que aquejan al país. Sin embargo, aunque suene ingenuo, en este caso se esperaba que por primera vez se actuara con justicia y los altos jerarcas pagaran sus culpas. Pero la Contraloría del Distrito Federal dio la impresión de ser tibia o de plano de tener miedo de ir por las cabezas y de imponer las sanciones que realmente merecen los que actuaron como promotores del asunto.

Me recordó a un ex secretario de Seguridad Pública del Distrito Federal, que pidió frente a mí un expediente con fotografías para relevar a un jerarca de la institución por faltas contundentes. Le preguntaron quién sería el relevado y para asombro de los presentes, dijo que el que seguía en jerarquía "para poner el ejemplo". Un servidor, que estaba casualmente allí, lo encaró y le dijo que no era justo, que quien había cometido los pecados era el jefe, no el segundo.

La tibieza o el miedo del contralor no se limitaron sólo a sancionar a los mandos ubicados en lo más delgado del hilo, sino que fueron más allá: inhabilitaron 20 años de la función pública a Enrique Horcasitas Manjarrez, ex director del Proyecto Metro, quien por cierto anunció que impugnará la decisión y tiene razón. En primer lugar, el castigo debe ser la cárcel y, en segundo, no para él, sino para quienes orquestaron las deficiencias de la línea 12. Después de todo, el ex servidor público sólo era un peón y tal vez merece otro tipo de castigo. Habría que revalorar, si existiera la intención de ser justos.

También tienen razón los legisladores panistas que ven a Horcasitas Manjarrez como un chivo expiatorio, mientras los verdaderos culpables permanecen inmutables y hasta sonrientes. Si acaso preocupados por su futuro político debido a los recientes resultados del proceso interno del PRD, celebrado el domingo pasado, que los deja sin posibilidades de crecer, como pretendían, pero no preocupados por el resultado de una investigación en la que están involucrados hasta el tuétano.

Lo que ocurrió reitera la pregunta que nos hemos formulado con reiterada frecuencia quienes ya cumplimos muchos años de vida: ¿hasta cuándo cambiará realmente México y nuestras autoridades aplicarán la ley con estricto sentido de justicia?