Perfil Mexiquense

Competencia

Los taxistas del Distrito Federal provocaron el martes problemas viales en la ciudad de México, inconformes por la supuesta competencia de las empresas Uber y Cabify, que se han puesto de moda en muchos lugares del mundo junto con otras parecidas, por brindar un servicio similar más seguro, más placentero, más cortés y más rápido, porque se utiliza con una aplicación del teléfono móvil, que indica la ruta menos conflictiva.

Hay que sumar también que el servicio es más barato aunque, a decir de los usuarios, si fuera igual, valdría la pena pagar la cortesía desde el momento en que el conductor se baja para abrir la puerta y otros añadidos, como ofrecimientos de agua o cable para cargar el teléfono o desde que el chofer se identifica y se pone a las órdenes del ocupante, como ocurre en los restaurantes cuando quien atiende una mesa dice "soy fulana de tal y estaré a sus órdenes".

Los taxistas se quejan de competencia desleal, cuando solo se trata de un servicio mejor. Por otro lado, los usuarios se han quejado tradicionalmente, de que en los taxis ocurre de todo, desde abusos a la hora de cobrar, en el mejor de los casos, actitudes descorteses y hasta el mal humor del que maneja. Otros reconocen que ambos pueden coexistir en las ciudades más importantes de este país, en donde "el sol sale para todos".

En el peor de los temas, infinidad de usuarios ha interpuesto quejas y actas penales ante las autoridades, debido a que en los taxis tradicionales han sufrido asaltos y muchas mujeres violaciones a su integridad física. Ha sido común que después de subir pasaje, los choferes suben adelante al cómplice con quien consuma delitos incalificables.

Cuando arriban al aeropuerto de la ciudad de México, los pasajeros son advertidos del peligro de utilizar taxis no autorizados, porque en ellos, los manejadores han cometido asaltos y otros ilícitos, con la complacencia de las autoridades policíacas que se desempeñan en ese lugar, que posteriormente participan del reparto.

Las nuevas empresas, acusadas de operar ilegalmente, sujetan a pruebas rigurosas a quienes deciden poner su automóvil y convertirse en sus propios jefes, así como trabajar cuando ellos lo decidan. Previamente son investigados y una vez aceptados les exigen tolerar exámenes antidoping regularmente, presencia intachable, trato amable, cero propinas, carta de antecedentes no penales y cobrar el servicio por medio de una tarjeta de crédito.

Lejos de inconformarse, de protestar en las calles, nuestros taxistas deberían pensar en transformar también el servicio que ofrecen para entrar en esta competencia, que finalmente redundaría en bien de los usuarios, del país y de ellos mismos. Dicen por ahí: "renovarse o morir".