Perfil Mexiquense

Clase política

Nunca como ahora, llegamos al punto más crítico del cinismo entre nuestros políticos. También a un estado de conciencia entre nuestros compatriotas, más claro y revelador, que tarde o temprano habrá de alcanzar el cenit de su esfera celeste para rebelarse contra esa clase, que ya comenzó a calar, a encender los ánimos de los mexicanos y a cansar, por lo abusiva e indolente que se ha tornado.

Los mexicanos pasaron de una larga etapa de aletargamiento, a un despertar paulatino que amenaza con hacer explosión una vez que todas las partes de su inteligencia se encuentren plenamente alertas. Esto lo debe a quienes se encuentran inmersos en la actividad política, que han engañado y han abusado, con la idea malsana de que, al fin y al cabo, los habitantes de este país somos retrasados mentales.

Esa clase es la causante indirecta de que la gente se rebele y manifieste su rebeldía con actos violentos. Al no disponer de poder, como ella, vierte sus sentimientos a través de actos indebidos para convertir su impotencia en algo visible, capaz de lastimar también. En otro ámbito, encauza su energía hacia actitudes más recias, que dejan millones de dólares al año, porque esto convierte a los infelices en poderosos, capaces de codearse con los pudientes y además de coludirse con los mismos. Es decir, los convierte al fin en iguales.

Ahora, nuestra sociedad critica a los farsantes, casi todos metidos en las esferas políticas, desde donde exhiben sus mentiras y su asombrosa capacidad de transformación. Un día militan en la derecha y al otro amanecen en brazos de la izquierda. Un día golpean al enemigo y al siguiente se dicen los mejores amigos de ellos. Un día se exhiben humildes y al otro dejan ver sin recato el desprecio que sienten por el pueblo, por los desvalidos.

Intento hacer un retrato de nuestra famosa clase política, como los que pertenecen a ella la hacen llamar y de nuestro pueblo, que cobra conciencia de lo que significa. ¿Cómo podríamos creer en alguien como Marcelo Ebrard, que deja al partido que lo cobijó durante muchos años y sin pensarlo acepta otro, porque le ofreció una oportunidad plurinominal para saciar su ambición y para que le sirva de escondite y escudo?

¿Qué podemos pensar de tantos acomodaticios, que ven a la política como un negocio seguro, que deja enormes dividendos sin invertir nada? A pesar del escaño, seguramente a Marcelo no le será fácil conciliar el sueño, con eso de que el fuero pronto dejará de serlo.

Tal vez niega para sus adentros que recibe dividendos sin invertir nada. Tal vez siente que los sobresaltos experimentados durante los últimos días pagan de manera suficiente los errores cometidos en la línea 12 del Metro y las ganancias que dejó.