Perfil Mexiquense

Basura y más basura

Nadie sabe la razón, pero desde hace muchos lustros, priistas sobresalientes pusieron el ojo en la grotesca humanidad de Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre, conocido como El Príncipe de la Basura, hijo de Rafael Gutiérrez Moreno o El Rey de la Basura, asesinado en marzo de 1987 por una de sus tantas esposas; crimen, por cierto y curiosamente, aplaudido por la gente, luego de conocerse los motivos que orillaron a su cónyuge a planearlo y a consumarlo.

¿Qué podía aportar el vástago al partido tricolor? ¿Acaso los priistas buscaban el voto de los pepenadores, que no llegan a 10 mil? Si era esto, pues con que poco se conforman, cuando hay territorios deveras redituables en esa materia, como los estados de México, Puebla, Jalisco, Nuevo León, el Distrito Federal y el municipio de Ecatepec. Con los votos de las entidades descritas gana con creces cualquier candidato a la Presidencia del país.

El hijo parece haber heredado todo de su padre: basura, dinero, poder y las pésimas mañas que provocaron en su cónyuge, cómplices y familiares un resentimiento profundo y un deseo infinito de venganza, que fue finalmente consumado. Entonces, la gente comentó que en ese caso especial, la justicia debió haber sido flexible.

Hasta antes de aquellos hechos, nadie había reparado en la basura como fuente generadora de abundantes recursos monetarios, capaz de hacer millonarios a quienes se dedicaban a seleccionarla para venderla a empresas que necesitaban y necesitan de ciertos desechos. De acuerdo con ciertos meticulosos cálculos, Rafael Gutiérrez tuvo ingresos por cerca de 70 mil dólares diarios.

A personas de todos los niveles sociales sorprendió la noticia, que se escuchaba por primera vez: la basura había hecho multimillonario y hasta político a un individuo analfabeto. Pero también lo había convertido en un monstruo que se dedicó durante 25 años a explotar a los pepenadores, a quienes pagaba una miseria por ayudarle a seleccionar lo que aún servía para la industria, que pagaba bien por ello.

Pero el hijo, denunciado en otras ocasiones de reclutar edecanes para su servicio muy personal, a razón de ocho mil pesos mensuales y hasta 14 mil si aceptaban dormir con él, no entendió entonces el aviso. El PRI tampoco, pues paulatinamente lo dotó de poder, hasta convertirlo en dirigente del PRI en el Distrito Federal. Con ese cargo se conoció que no abandonó su inclinación a contratar mujeres para hacerse acompañar de ellas durante el día y la noche.

Hasta ahora, priistas como Armando Barajas Ruiz dicen que en el partido están avergonzados de las acciones de su ex dirigente, cuando durante muchos años, los mismos correligionarios lo buscaron para ofrecerle cargos. ¿Qué le vieron?