Perfil Mexiquense

Alcohol y otras yerbas

Durante los últimos días, la mariguana está en la boca de todo mundo, en las entidades políticas, en las calles, en centros de reunión, gracias al amparo otorgado por la Suprema Corte a cuatro personas, pero solo para cultivo, transporte y consumo con fines lúdicos o recreativos. Mucha gente piensa que gracias a esto, habrá una avalancha de juicios para que sea despenalizada.

La Organización Mundial de la Salud informa que cada año mueren en el mundo 3.3 millones de personas por consumo de alcohol y tal cifra representa 5.9 por ciento de todas las defunciones, en tanto que por consumo de las drogas prohibidas, apenas mueren en el planeta poco más de 200 mil consumidores anualmente. La cifra no es nada comparable y hasta se puede pensar en injusticia por el trato a uno y otro producto.

Respecto al tabaco, solo en México mueren anualmente unos 60 mil fumadores, de acuerdo con el informe del doctor Rogelio Pérez Padilla, director del Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias. Esto es más de la cuarta parte de los que mueren en el mismo lapso, pero en todo el mundo, por consumir diferentes drogas. Luego entonces, también hay motivo para pensar en prohibir el consumo de cigarros y despenalizar los estupefacientes.

Es cierto que despenalizarlos amerita una discusión seria y a fondo ya que, para llegar a tal situación, sería necesario que todos los países estuvieran de acuerdo en su expendio hasta en farmacias (medicina y consumo) porque, solo de esa manera, el negocio ya no sería igualmente rentable en ninguna parte, como ocurre con la prohibición.

No se puede permitir sin un consenso general, mientras haya consumidores que la demandan como sea y que son capaces hasta de cometer los peores delitos para conseguirla. De permitirse en tales circunstancias, entonces se abriría un comercio indiscriminado, gracias al cual, la situación de seguridad de cualquier país empeoraría gracias a la competencia. Los muertos no los pondrían solamente los que se dedican a esa actividad, sino todos los comerciantes dedicados a lo mismo.

Pero, hay otro pero: si no se despenaliza, la distribución es sumamente generosa porque deja dividendos impresionantes a corto plazo.Pero al mismo tiempo es capaz de tentar a los que en cualquier país tienen el poder político. Esto orilla a los poderosos a permitir el trasiego, siempre con la condición de que los narcotraficantes paguen la comisión correspondiente, que al decir de los estudiosos del fenómeno, siempre es arriba de 50 por ciento.

Esto quiere decir que no despenalizarla también entraña un gran riesgo, porque así mismo se permite su cultivo, procesamiento, distribución y consumo, en aras de engrosar el caudal personal.