Articulista invitado

Las soluciones que México requiere

La desaparición de normalistas de Ayotzinapa dejará marcada la vida del país; es momento de corregir las fallas estructurales del Estado.

Los hechos ocurridos la noche  del 26 de septiembre en  Iguala, Guerrero, significan un punto de inflexión. La desaparición de 43 normalistas de Ayotzinapa es un hecho que dejará marcada la vida del país por muchos años.

Las atrocidades cometidas en ese municipio desnudaron un inexistente estado de derecho. Son el ejemplo de lo que diariamente se vive en un sinnúmero de municipios y regiones del país. Evidencian, entre desapariciones forzadas y fosas, el colapso de la procuración de justicia, la corrupción de las policías y la ausencia de un sistema de protección a los derechos humanos.

Por luto, indignación y hartazgo, la calle está tomada. El grito de la sociedad es contundente “¡Ya  me cansé de tener miedo!”. Los  familiares de los 43 jóvenes ausentes son el rostro vivo de miles de personas que en silencio y sin voz se habían mantenido calladas en el sufrimiento de crímenes terribles.

El reclamo llena las plazas. La sociedad exige verdad y justicia.  Reclama que este tipo de violaciones no vuelvan a repetirse en ningún rincón del país.

Debe atenderse con gran sensibilidad la movilización social. La crisis no encontrará fondo hasta que no se corrijan las fallas estructurales  que desde un municipio suriano, cuna de la bandera nacional, han quedado en evidencia frente al mundo, como fallas del Estado mexicano.

1) Partidos Políticos. Ningún  instituto político tiene  herramientas suficientes para garantizar un blindaje sobre el perfil de sus candidatos o candidatas. No hay  coordinación ni confianza preventiva de los institutos políticos con las autoridades de inteligencia, de procuración de justicia o con la propia sociedad.

2) Campañas. Revisar a fondo la forma en que se financian los  procesos electorales. El perfil de la corrupción en el gobierno se moldea desde este preciso momento, ya sea para dar u obtener contratos una vez que se obtiene el triunfo, o para ceder territorios a favor de tal o cual grupo delictivo.

3) Policías. La protección  que  el  Estado  debería  brindarle a los  ciudadanos se ha  convertido  en  herramienta para  quienes los  acosan. Las policías municipales  son sumamente débiles frente a actores  delincuenciales. Hay fragmentación en el mando, las  responsabilidades son difusas.  Es  necesario cambiar de fondo el  modelo policiaco en el país para darle cohesión y fuerza, entre los ámbitos federal, estatal y municipal.

4) Procuración de Justicia. El eslabón más débil de la cadena es la procuración de justicia en  los ámbitos estatal y federal. La  investigación se encuentra totalmente rebasada, carcomida e infiltrada. Las policías ministeriales no gozan de confianza ciudadana, pues la justicia es algo que se puede comprar.

5) Impartición de Justicia y Derechos Humanos. La violencia es producto de la falta de autoridad,  de la deficiencia o ausencia institucional. Los derechos humanos no  son defendidos adecuadamente  por el marco prevaleciente. La impunidad es un mal mayor.

Hay que comprender, hasta el  más mínimo detalle, la realidad  institucional que posibilitó terribles crímenes en Iguala. Una Comisión  Ciudadana de Verdad y Justicia, como la que proponen organizaciones y académicos, puede ser útil para ello. Sin embargo, también se necesita un proceso de deliberación y participación ciudadana desde barrios, colonias y comunidades, en Guerrero, y en todo el país.

Dar cauce a la movilización social  es apremiante para evitar que unos cuantos quieran generar más violencia por agendas particulares.  Un proceso de Deliberación Nacional para la Reconstrucción del  Estado de Derecho, aprovecharía la legitimidad de la energía social que hoy ocupa calles y plazas, así lograr propuestas para alcanzar  transformaciones trascendentes de la mano de los ciudadanos. Es  momento de construir, junto con  la sociedad, las soluciones que México requiere.

Senador perredista.
Twitter: @RiosPiterJaguar