Al pie de la Letra

La proletaria del hombre

La mujer es la proletaria del hombre, escribió Engels hace muchas décadas. Esta dura frase revela una terrible realidad sobre los extremos de la discriminación. Si bien es cierto que la clase trabajadora ha avanzado mucho desde entonces la realidad es que no lo hace al mismo paso.

Dentro de ciertos grupos discriminados perduran categorías con igual o peor nivel de discriminación. Son las mujeres las que siguen cargando la mayor cantidad de esta injusta faceta de nuestra sociedad.

La mujer trabajadora enfrenta circunstancias adversas dentro y fuera del centro de trabajo. Dentro de su trabajo tiene sin duda menor acceso a los empleos mejor remunerados y entre aquellas que lo consiguen, vemos que perciben sueldos menores que sus colegas varones.

Reciente información del Observatorio de Salarios de la Universidad Iberoamericana de Puebla muestra que las mujeres perciben en promedio 16 por ciento menos que los hombres. De acuerdo a este informe los patrones compensan de esta forma las bajas por maternidad y ausentismo.

El modelo vigente no es sostenible en el tiempo. Muchas medidas deben adoptarse para facilitar la compatibilidad entre maternidad y vida profesional. En primer lugar es injusto que no existan iguales condiciones laborales, igual que es injusto que se pague menos a una mujer que a un hombre por el mismo trabajo el mismo número de horas.

Pero la discriminación no termina en el salario. También podemos apreciar que hay una importante desigualdad en los espacios para hacer negocios o generar riqueza. En Coahuila sólo un 21 por ciento de los empleadores son mujeres, aunque debemos aclarar que esta cifra ha crecido en un 67 por ciento en los últimos 5 años. Debemos añadir que la participación laboral de las mujeres aumentó 21 por ciento en empresas y 11 por ciento en instituciones públicas o privadas. Dato importante es que en este mismo período ha disminuido en un 11 por ciento el número de mujeres en trabajos relacionados con el hogar.

El menosprecio de nuestra sociedad hacia el trabajo de las mujeres se ve reflejado en menos oportunidades de acceso, menos sueldo y en situaciones tan complejas como la falta de derechos para las trabajadoras del hogar. El fondo de esta cuestión es sencillo, aunque doloroso, muchos creen que el trabajo de la mujer no tiene valor económico. Al ver que millones de mujeres cargan con el trabajo del hogar sin remuneración alguna el resto de la comunidad considera que se trata de mano de obra gratuita.

Estas fechas resultan útiles para comer con la madre, o bien para hacerle un regalo, con bastante suerte será algo para ella y no un aparato para hacer labores del hogar. Pero creo que el verdadero valor debiera ser reflexionar en torno a la importancia económica del trabajo de las mujeres en el hogar.

Si logramos que este trabajo reciba, al menos en nuestras conciencias, el valor adecuado veremos sin duda que cada día será menor el espacio para discriminar a las trabajadoras de hogar.

Será entonces que la mujer deje de ser la proletaria del hombre.