Al pie de la Letra

Un cabildo sin miedo

El miedo es uno de los sentimientos innatos que ha acompañado a la humanidad desde sus orígenes. Este impulso es al mismo tiempo causa de guerras y desgracias y uno de los factores que ha permitido nuestra supervivencia y prosperidad. Ante la presencia de amenazas externas, es el miedo lo que ocasiona nuestra reacción y permite la supervivencia.

No se puede vivir siempre con miedo y menos dejar que gobierne nuestras acciones. Pero tampoco es bueno no tener miedo de nada. Hace algunos días leía un comentario de Fernando Ónega donde hablaba del retorno del miedo.

En el centro de su argumento nos dice que fue gracias al miedo a que volviera la guerra, el hambre, cárceles, exilios y fusilamientos que la transición española fue exitosa. El miedo a repetir la historia es lo que hizo que la historia no se repitiese.

Hoy en Saltillo tenemos una mayoría en el cabildo que no tiene miedo alguno a que la historia se repita. Mientras en forma inclemente persiguen a quienes transgreden los límites de velocidad con sus temibles fotomultas por otra parte amplían los horarios de la venta de alcohol.

La propaganda nos inspira ternura. Los anuncios espectaculares pagados con recursos de los contribuyentes disfrazan un lobo que recauda con la piel de oveja de la salvación de vidas. Así dice, un kilómetro que exceda el límite de velocidad fue el origen de un accidente que acabó con la vida de alguien.

Pero la realidad es que por otro lado amplían el horario de venta de bebidas alcohólicas, y aquí no importa ya la vida de nadie. Creo que olvidaron analizar las estadísticas que muestran que la principal causa de accidentes mortales es el alcohol. Tampoco les importó que el número de muertos y accidentes hubiera disminuido al restringir horarios.

Pero lo que no debe ocultarse tras esta discusión es el papel que juega quien preside nuestro municipio en este tema concreto. El mismo dice haberse abstenido de votar por tener un conflicto de intereses con la venta de bebidas alcohólicas. Reconoce ante el propio cabildo que su hijo es propietario de establecimientos que se beneficiarán con estas medidas, según señalamientos en los medios.

La mayoría del cabildo de Saltillo muestra ante esta equivocada decisión no tener miedo a que aumenten los accidentes y los muertos en accidentes viales.

Esta misma mayoría muestra no tener miedo alguno a que la delincuencia organizada regrese y se apodere de Saltillo.

Mientras el cabildo de Saltillo mayoritea y muestra su falta de miedo, un enorme riesgo cubre a nuestro municipio. El riesgo de los delincuentes que levantaban gente en las calles, los horrendos relatos de jovencitas sustraídas de estos antros, los tablazos, las cuotas, las balaceras, los muertos, los decapitados y los muertos colgados en los puentes.

El miedo a que todo eso vuelva debiera sensibilizar a los ediles sobre estos riesgos. Pero como no tienen miedo pues el riesgo para todos nosotros es que la historia se repita. El miedo es un factor de supervivencia, para el individuo y para la sociedad. Hay que tener miedo de que la historia vuelva, pero también de un cabildo sin miedo.